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In this snapshot from September 25, 2016 at 2 a.m., birds were flying in greater numbers in the East, yet flying faster out West. Darker colors show higher approximate densities of birds. Stream lines flow along the direction of travel, which is largely dictated by wind conditions. Circles are centered at 138 U.S. Doppler stations; bigger circles mean more birds were detected at these sites. Longer arrows mean birds were moving by faster. Experts are making strides to filter weather out better, but some radar readings—like the blue and green patches in the Midwest here—may still be artifacts of storms. Illustration: Katie Peek

Tecnología

Científicos desean empezar a pronosticar cuándo migrarán hacia su zona determinadas especies

Los mapas meteorológicos son fundamentales para los investigadores que siguen a las aves en movimiento. Acoplar los datos de radar con los de eBird llevará el rastreo de migraciones al siguiente nivel.

En las otoñales noches de América del Norte, millones de aves migratorias toman los cielos sin ser vistas. Como el agua de sus cuerpos refleja los rayos de los radares, sus movimientos aparecen en los mapas climatológicos de todo el país. Por lo general, los meteorólogos borran estas impresiones biológicas de los pronósticos, pero los ornitólogos hacen justamente lo contrario: enmascaran las tormentas para revelar la actividad aviar.

Una vez que se eliminaron los patrones del clima, todo lo que queda son signos de aves, murciélagos o insectos. Los expertos dependen mucho de las pruebas circunstanciales para diferenciar los tres grupos. Los murciélagos están más activos justo antes de la puesta del sol en los meses de verano, mientras que las aves aparecen justo después del ocaso en otoño y primavera. Y como son mucho más pequeños, los insectos solo son detectables cuando las aves y los murciélagos están ausentes. Entonces, por proceso de eliminación, los ornitólogos saben cómo reunir datos nocturnos del radar durante las temporadas de migración —han usado el sistema Doppler de este modo desde 1941, aproximadamente cuando se inventó la tecnología de radar. 

Señalar vuelos largos, sin embargo, es la tarea fácil; es mucho más difícil identificar que especie aviar en realidad está migrando. Pero ahora, los científicos creen que quizás por fin tienen un modo de convertir las firmas en el radar de las aves en herramientas de seguimiento casi en tiempo real. Kyle Horton, ornitólogo de Cornell University, está combinando los datos de radar con registros de eBird para dilucidar estas misteriosas nubes migratorias. Cuando los avistadores registran avistajes, le dan a Horton indicios de qué especie puede estar pasando por un área, lo que le permite elaborar bocetos aproximados que se observan en mapas climatológicos.

Aunque las dos tecnologías se crearon para distintos propósitos (eBird para saber cuándo es conveniente avistar aves, el sistema Doppler para la conveniencia humana en general), son un buen matrimonio, dice Andrew Laughlin, ornitólogo de la Universidad de Carolina del Norte, en Asheville, quien usa un radar para estudiar cuándo se posan las golondrinas bicolor. Él ve un futuro prometedor para la combinación de los datos climatológicos y las observaciones que aporta la comunidad por medios cibernéticos.

Horton y sus colaboradores de Cornell y la Universidad de Oklahoma concuerdan. Tienen pensado usar sus algoritmos para definir nuevas rutas migratorias para las aves cantoras (el sistema de corredores de vuelo actual, explica Horton, solo se basa en las migraciones de aves acuáticas). Espera que algún día los avistadores de aves puedan despertar y consultar mapas que muestren qué especies llegaron durante la noche. Todavía faltan algunos años para tener estas herramientas, pero el equipo ya puede rastrear migraciones a escala continental en cualquier fecha (como ilustra el mapa anterior).

Horton también puede distinguir voladores frecuentes al examinar qué especies se informan más en las listas de verificación de eBird. Este tesoro de información permite que los científicos de Cornell entiendan los cambios en las conductas de vuelo como velocidad, dirección, tendencia a amontonarse en los vientos y fenología; y les permite calcular la probabilidad de encontrar determinadas especies en una caminata de un kilómetro en una hora en cualquier lugar del país. A continuación hay algunas proyecciones para cuatro aves cantoras migratorias del 25 de septiembre de 2016. 

Ruta Migratoria del Pacífico: Chipe Rabadilla Amarilla

A fines de septiembre esta especie en su mayoría todavía estaba en zonas de reproducción. Está entre las últimas reinitas que migran en otoño. Ilustración: Katie Peek

Ruta Migratoria Central: Chipe Corona Negra

Este migración es probable que contribuyera con las manchas brillantes del mapa principal sobre Texas y Nebraska mientras estaba en viaje a México y más allá. Ilustración: Katie Peek

Ruta Migratoria del Misisipi: Zorzal de anteojos

Conocida por ser furtiva, es probable que esta ave cantora haya sido parte del movimiento que se vio en los montes Apalaches. Ilustración: Katie Peek

Ruta Migratoria del Atlántico: Mascarita Común

A principios del otoño, este abundante mosquitero silbador empezaba su viaje al sur por sobre su vasta área de reproducción. Ilustración: Katie Peek

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