Snail Kite on Lake Okeechobee. Video: Carlton Ward/Mac Stone

Ciencia

Vea en acción a una de las aves de rapiña más especializadas y geniales del mundo

La cantidad de gavilanes caracoleros en Florida disminuyó hasta un número preocupante hace una década. Desde ese momento, un influjo de caracoles exóticos ha ayudado a que las aves amenazadas se recuperen.

Los gavilanes caracoleros sobrevuelan los humedales de Florida, en busca de caracoles de laguna. Cuando las aves ven a su presa, giran en contra del viento, despliegan sus alas, se sumergen y atrapan a su presa en un ataque acrobático que genera un mínimo chapoteo.

Mac Stone ha pasado semanas en Lago Okeechobee, donde reside la mayoría de los casi 2.100 gavilanes caracoleros del país, y ha capturado retratos íntimos de las aves de rapiña amenazadas. Colabora con biólogos para monitorear el éxito de la nidificación y la dieta de los caracoleros, que consiste casi completamente en caracoles de laguna. Para capturar las imágenes sin precedentes, Stone construyó una plataforma sumergible equipada con una cámara, que disparaba desde 20 yardas de distancia. Al principio, intentó utilizar caparazones vacíos para atraer a las aves. No funcionó. Así que caminó con el agua hasta la cintura buscando con los pies descalzos sentir los caracoles (y con los ojos abiertos en busca de caimanes), para recolectarlos de a poco para colocarlos en la plataforma. Eso sí funcionó

(Audubon se opone a cebar aves de presa con fines de tomar fotografías, pero realiza excepciones para proyectos conservacionistas autorizados realizados en conjunto con científicos, como este). 

Foto: Mac Stone

En aumento

El futuro del gavilanes caracoleros está estrechamente vinculado con el de su presa. El desarrollo de los humedales y la restricción de las fluctuaciones naturales de agua impulsó la disminución de los caracoles de laguna. Los caracoleros fueron los siguientes; su cantidad disminuyó dramáticamente, de 3.400 en el año 1999 a 800 en el 2008. Los científicos atribuyen el resurgimiento reciente a la recuperación del hábitat o al influjo del primo sudamericano del gasterópodo autóctono, el caracol del Paraná. 

Foto: Mac Stone

Selección natural 

El invasivo caracol del Paraná (izquierda) es más grande, vive más tiempo y pone más huevos (extremo derecho) que el caracol de laguna autóctono. Un caracol del Paraná adulto tiene el tamaño de una pelota de softball ─demasiado grande para que el caracolero lo pueda comer─, así que se alimenta de otros gasterópodos más jóvenes.

Foto: Mac Stone

Comida para llevar

Mientras que los caracoleros consumen tanto caracoles autóctonos como exóticos, el trabajo de Stone ha revelado que las selectivas aves tienen una preferencia: Cuando se colocaron los caracoles de laguna del tamaño de pelotas de ping pong y los invasores más grandes juntos en la plataforma, las aves escogieron las especies nativas todas las veces, como lo hizo esta hembra. Una vez que tiene a su presa, el ave transfiere el caracol a su pico para realizar el vuelo de regreso a la zona de su nido, espadañas rígidas o una percha artificial. Allí el gavilán caracolero desenvuelve su comida. Los lugares populares para alimentarse son fácilmente identificables, dice Stone: "simplemente hay que buscar grandes pilas de caparazones vacíos".

Foto: Mac Stone

Comida exótica

Los caracoles solo salen a la superficie brevemente para respirar, poner huevos o reproducirse, y es en ese momento cuando los caracoleros atacan. Las aves de rapiña son comensales altamente evolucionados que utilizan sus picos curvos para remover el opérculo, una placa delgada que sella la abertura del caparazón, para alcanzar la carne tierna. 

Foto: Mac Stone

Investigación a pies descalzos 

Paul Gray, del Programa de Recuperación de los Everglades de Audubon Florida, navega el Lago Okeechobee en un hidrodeslizador en busca de caracoleros que estén buscando alimento o anidando. Debido a los densos hábitats pantanosos en los bordes del lago, los hidrodeslizadores son el mejor medio para navegar y monitorear a las aves. 

Foto: Mac Stone

De rosa

Un conjunto de huevos de color rosa chicle del invasivo caracol del Paraná alrededor de un loto. Los abundantes invasores aportan una fuente de alimento para una variedad de seres vivos, desde carraos y patos hasta caimanes y tortugas. Los ecologistas están observando de cerca a los recién llegados porque se alimentan de plantas acuáticas como las que se encuentran en este humedal, que fue recuperado para crear un hábitat de alimentación y nidificación para los caracoleros. Hasta ahora, no se ha documentado efectos graves; si se registraran, los esfuerzos de erradicación probablemente impliquen raspar los huevos para que caigan al agua, donde no pueden eclosionar. 

Objetivo a la vista

Aunque Stone trabajó estrechamente con biólogos y dedicó sus días a capturar imágenes en primer plano del singular comportamiento de caza del gavilán caracolero, no había garantías de que iba a tener éxito en su cometido.

Foto: Mac Stone

Rastro de caracol

Una cría de caracolero se detiene antes de devorar los restos frescos de un caracol de laguna. Los biólogos han notado que, a medida que las aves se recuperaron, comenzaron a anidar y buscar alimento en las áreas que los caracoles invasores colonizaron. Donde sea que vayan los caracoles, al parecer, los caracoleros los seguirán. 

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