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A principios de la década de 1990, el biólogo Alejandro Simeone caminaba por las playas de Viña del Mar, en el centro de Chile, cuando se encontró con una escena que terminaría por definir su carrera: pingüinos de Humboldt muertos, con abrasiones en las patas y las aletas y sus pulmones llenos de espuma. Se habían ahogado en redes de pesca.
No eran hallazgos aislados. Simeone y su equipo comenzaron a patrullar la orilla con regularidad. "Lo que vimos fueron decenas, cientos de cuerpos muertos en las playas", dice Simeone, hoy el principal científico de Chile dedicado al estudio de la especie en el Instituto One Health de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad Andrés Bello. Documentaron sus hallazgos en un estudio de 1999, incorporando los testimonios de pescadores de caletas cercanas. Alrededor de 120 pingüinos por año morían en redes de enmalle en este tramo de costa, según informaron, pero la magnitud del problema se extendía mucho más allá de lo que su investigación podía capturar. Se prolongaba a lo largo de toda la costa de Chile y Perú, donde los pingüinos de Humboldt se reproducen en islas y orillas rocosas y se alimentan de peces en aguas costeras.
Desde entonces, las amenazas para la especie han aumentado y se han acelerado. Junto con la captura incidental por parte de los pescadores, el cambio climático y la gripe aviar también están causando estragos. El impacto acumulado ha sido devastador. Según una estimación, la población global en 2020 era de alrededor de 23.800 aves adultas. Pero un censo publicado por Simeone y su equipo en marzo encontró que, en las 11 islas del centro-norte de Chile que albergan el 90 por ciento de la población chilena de pingüinos de Humboldt, el número de nidos activos se desplomó de 2.443 a 910 en tan solo cuatro años, lo que equivale a una disminución del 63 por ciento. En algunas colonias más al norte, el golpe fue aún más devastador: hasta el 90 por ciento de los nidos habían desaparecido.
Al mismo tiempo, la especie está recibiendo finalmente una atención sin precedentes tras décadas de inacción. Científicos, conservacionistas y pescadores están probando nuevas formas de reducir su mortalidad y proteger los lugares de los que dependen. En 2025, Chile reclasificó la especie como en peligro de extinción debido principalmente a la captura incidental en redes de enmalle y a la sobrepesca de sus presas. Cuando un nuevo gobierno retiró la propuesta de su predecesor de declarar al pingüino de Humboldt "Monumento Natural", una designación que crearía protecciones adicionales, una campaña ciudadana llamada "Es más que un pingüino" hoy busca restaurar dicha denominación. Conservacionistas también están presionando a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para que eleve el estatus global de la especie de vulnerable a en peligro de extinción.
El pingüino de Humboldt es endémico de la corriente oceánica fría que lleva su nombre, la cual corre a lo largo del Pacífico suroriental desde el norte de Perú hasta la isla chilena de Chiloé. Con aproximadamente sesenta centímetros de altura y un peso de alrededor de 3,5 a 4,5 kilogramos, la especie se distingue por una mancha rosada en su rostro y una banda negra en forma de herradura que cruza su pecho blanco. La Corriente de Humboldt ha ofrecido durante mucho tiempo a las aves un refugio de aguas frías y ricas en nutrientes repletas de sardinas y anchovetas. Pero la especie también ha enfrentado amenazas de la actividad humana durante más de un siglo, desde la extracción de guano que despojó su hábitat de nidificación a mediados del siglo XIX hasta la pesca industrial que mermó su suministro de alimentos un siglo después. Si bien la naturaleza de esos peligros ha evolucionado, dice Simeone, las cosas están empeorando. "En los últimos cinco o diez años, estamos viendo que esa declinación incluso se está acelerando".
La captura incidental es el peligro más agudo que enfrentan las aves, dicen los expertos. El rastreo mediante GPS del equipo de Simeone muestra que los pingüinos comparten sus zonas de alimentación con barcos cerqueros. Solo en 2023, los pescadores artesanales capturaron inadvertidamente un estimado de 4.067 pingüinos de Humboldt en Chile y Perú, según un estudio liderado por las organizaciones de conservación sin fines de lucro Pro Delphinus y Oikonos Ecosystem Knowledge. La mayor parte de esa captura incidental ocurrió en redes de enmalle, que atrapan a los peces que intentan nadar a través de su malla. "Estamos hablando de una red de hasta un kilómetro de largo que se coloca en el agua y se deja allí toda la noche", dice Verónica López, gestora del Proyecto de Conservación Binacional del pingüino de Humboldt en Oikonos. Alrededor del 20 por ciento de la captura incidental en el estudio provino de redes de cerco con las que los pescadores rodean cardúmenes enteros de sardinas y anchovetas, los mismos peces de los que dependen las aves para alimentarse.
Más recientemente, han surgido nuevos peligros. En 2023, un brote de influenza aviar altamente patógena coincidió con un intenso evento de El Niño que produjo algunas de las temperaturas oceánicas más altas registradas para la región. Los eventos de El Niño debilitan la Corriente de Humboldt, y el calentamiento resultante de las aguas puede tener un gran impacto en las colonias reproductoras del pingüino de Humboldt. Simeone y sus colegas encontraron que, durante uno de esos eventos a finales de los años 90, el número de parejas reproductoras en una colonia en el centro de Chile estaba entre un 55 y un 85 por ciento por debajo del promedio, la nidificación se retrasó y las lluvias inusualmente intensas inundaron los nidos.
Hasta la fecha, la escasez de investigación y monitoreo ha dificultado saber cuánto impacto están teniendo el aumento de las temperaturas oceánicas y la gripe aviar en las poblaciones del pingüino de Humboldt, pero eso podría estar cambiando. Un nuevo marco está aportando una mayor coordinación a los esfuerzos para salvar a la especie. En 2025, Chile y Perú comenzaron a realizar el primer censo binacional estandarizado para establecer cuántos pingüinos de Humboldt sobreviven en toda la distribución de la especie y sentar las bases para una cooperación duradera entre los dos países, dice Ignacio Díaz, jefe del Departamento de Gestión de Áreas Protegidas de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) de Chile y miembro de la Secretaría Técnica del plan.
Audubon también ha impulsado esfuerzos de política pública. En 2025, la organización apoyó el Plan de Acción para la Conservación de Aves Marinas, parte de la Estrategia Nacional de Conservación de Aves de Chile, que busca coordinar medidas de protección a lo largo del ciclo de vida completo de estas especies. Para Jorge Tomasevic, gerente de conservación de alianzas estratégicas para Audubon Latinoamérica y el Caribe con sede en Chile, el desafío central es que los pingüinos de Humboldt dependen de dos mundos: su conservación, explica, requiere tanto proteger los sitios en tierra donde se reproducen como garantizar que encuentren suficiente alimento en el océano.
Esa coordinación está comenzando ahora a traducirse en intervenciones concretas. En el mar, Oikonos ha lanzado un proyecto piloto con pescadores artesanales en la región de Coquimbo para instalar luces LED especializadas en las redes de enmalle. La tecnología ya ha mostrado resultados prometedores para prevenir la captura incidental de aves marinas, tortugas marinas y delfines. "Los animales verán la luz y podrán identificar que hay una pared allí. Muchos podrán evitar la red", agrega Patricia Zárate, jefa del Departamento de Evaluación de Pesquerías del Instituto de Fomento Pesquero, el instituto nacional de investigación pesquera de Chile.
Simón Zepeda, un pescador de Guanaqueros que ayuda a recopilar datos a bordo de las embarcaciones, dice que aún es demasiado pronto para medir la efectividad de las luces. Hasta ahora, solo se han completado cinco viajes bajo el proyecto piloto y no hubo captura incidental de pingüinos. Para Zepeda, la participación de los pescadores es esencial, aunque ganarse la confianza de sus pares no ha sido fácil. "Ha costado que entiendan cómo funciona la ciencia, cómo funcionan los datos, por qué les pregunto a diario lo mismo. Me dicen: ‘Oye, me preguntaste la semana pasada por lo mismo’.”
Pero el océano es solo un frente. En tierra, Oikonos y el Ministerio del Medio Ambiente de Chile están creando una Red Nacional de Varamientos de Aves Marinas, un esfuerzo de ciencia ciudadana para orientar la conservación mediante el seguimiento de las muertes de aves y sus causas. "Necesitamos entender cuántos animales están muriendo realmente", dice López. "Con la ciencia ciudadana, en vez de tener un par de ojos en la playa, vamos a tener cientos de personas caminando por las playas y documentando lo que encuentran".
Mientras tanto, en los lugares donde anida el pingüino de Humboldt, la organización Island Conservation y CONAF han erradicado especies invasoras, principalmente ratas y conejos. Gracias a este trabajo, la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, parte del Archipiélago de Humboldt, uno de los lugares donde se concentraba hasta hace poco la mayor población de la especie, se convirtió en 2018 en la primera área protegida de este tipo en ser declarada libre de vertebrados invasores.
Para Simeone, esos esfuerzos reflejan un cambio más amplio. Hace veinte años, cada vez que mencionaba que trabajaba con pingüinos de Humboldt, le preguntaban: "¿Pingüinos? ¿Trabajas en la Antártica?" Nadie imaginaba que estas aves vivían a lo largo de las costas de Chile y Perú. Hoy la conciencia ha crecido, junto con los datos, los estudios, la tecnología y una red de personas que trabajan para protegerlos. "Hay esperanza", dice Simeone, "siempre y cuando toda esa conciencia se traduzca en cambios".