Las aves conectan territorios. También pueden conectar a las personas que viven en ellos, sus saberes y distintas formas de construir oportunidades a partir de la conservación.
Con esa idea, integrantes de comunidades del corredor Iztaccíhuatl-Popocatépetl, en el centro de México, viajaron a la costa de Oaxaca para participar en un intercambio con personas que llevan años desarrollando el aviturismo en la región.
Participaron representantes de núcleos agrarios y comunidades como Amecameca, San Pedro Ecatzingo, Santiago Cuautenco y San Miguel Atlautla, quienes convivieron con guías y actores locales de la costa oaxaqueña.
El encuentro forma parte de un proceso que Audubon desarrolla junto con Reforestamos México y la Unión Nacional de Organizaciones de Forestería Comunal (UNOFOC) para fortalecer capacidades relacionadas con el conocimiento de las aves, la guianza y la prestación de servicios de observación de aves en el corredor Iztaccíhuatl-Popocatépetl.
“El objetivo es que las personas pongan en práctica lo que han aprendido a lo largo de este año y que puedan conocer otras experiencias para ampliar su perspectiva. Ver que el aviturismo funciona en otras regiones y que también puede dar frutos en la zona del Iztapopo les permite imaginar lo que podrían llevar a cabo en sus propias comunidades”, explicó Socorro Medina, de UNOFOC.
Y eso fue, principalmente, lo que ocurrió durante la visita: aprender haciendo. A lo largo de varios recorridos de observación de aves, el grupo conoció distintos sitios de la costa de Oaxaca y acompañó a guías locales para observar de primera mano aspectos como la identificación de especies, la lectura del territorio, la conducción de grupos y el papel de quienes guían una experiencia de aviturismo.
Pajarear juntos permitió reconocer también el valor de los saberes locales. Conocer las aves no implica únicamente identificar especies: supone entender el territorio, sus ciclos, sus hábitats y las relaciones que las comunidades han construido con ellos. Ese conocimiento es una base fundamental para desarrollar experiencias de aviturismo desde lo local.
En Playa Bacocho, en Puerto Escondido, el grupo participó además en una demostración de anillamiento de aves, una herramienta utilizada para su estudio y monitoreo. La actividad permitió acercarse a otra dimensión del conocimiento de las aves y conversar sobre la relación entre observación, investigación y conservación.
El programa incluyó también una mesa redonda con guías de aviturismo de la costa, donde se compartieron retos y aprendizajes sobre la preparación necesaria para recibir visitantes y desarrollar esta actividad en distintos contextos. Las conversaciones abordaron además los efectos del cambio climático sobre las aves y los desafíos para construir iniciativas turísticas que sean sostenibles y generen beneficios para las comunidades.
Como parte del encuentro, Catalina Casas, Gerente de Conservación de Campo de América Latina y el Caribe, presentó los resultados de un diagnóstico derivado de un taller sobre medios de vida y bienestar comunitario. A partir de este ejercicio se identificaron retos y oportunidades para el desarrollo del aviturismo en el corredor Iztaccíhuatl-Popocatépetl y se plantearon los siguientes pasos del proceso.
Para Laura Ortega Martínez, participante de Amecameca, el viaje significó también conocer un territorio completamente nuevo. Era la primera vez que visitaba Oaxaca y la primera vez que veía el mar. Pero entre los paisajes y las aves, lo que más llamó su atención fue la manera en que las personas de la costa cuidan y comparten su territorio.
“Me gustaría mucho que estos conocimientos y estas experiencias se llevaran al lugar donde vivo, no solamente por mí, sino por toda la población. Me llevo, sobre todo, la conciencia sobre el cuidado de las aves y de su hábitat”, compartió.
Más que trasladar un modelo de un territorio a otro, el intercambio permitió conocer lo que ya funciona, hacer preguntas, contrastar realidades y pensar qué puede adaptarse a cada contexto. Desde las montañas del centro de México hasta la costa de Oaxaca, las aves fueron el punto de encuentro para aprender entre territorios y explorar nuevas formas de vincular conservación y bienestar comunitario.
“El aviturismo es un pretexto, en el buen sentido de la palabra, para que la gente vea que existe una actividad económica que puede generar ingresos, pero en el fondo está la conservación de las aves, del territorio y de todo el capital natural que existe”, explicó Irving Barrera, consultor para Audubon que acompaña el proceso de formación con las comunidades del corredor Iztaccíhuatl-Popocatépetl.
Entre montañas y costa, el intercambio mostró que las aves no solo conectan territorios, también conectan conocimientos, experiencias y comunidades que encuentran en su conservación nuevas formas de cuidar y fortalecer los lugares que habitan.