Foto: Chris Linder

Cambio climático

Acompañe a los Pingüinos Adelaida en su viaje hacia una larga noche polar

Nuevas investigaciones para develar el misterio de dónde buscan alimento estas aves durante el invierno podrían ayudar a proteger a estas especies a medida que el cambio climático transforma Antártida.

Durante el verano actual, el cabo Crozier, a 40 minutos en helicóptero de la estación de investigación McMurdo de Antártida, es hogar de millones de Pingüinos Adelaida. A estas aves curiosas y carismáticas les gusta anidar cerca de aguas abiertas productivas para brindarles a sus crías, que crecen con rapidez, tanta comida como sea posible. Incluso en Antártida, un punto tan remoto, les resultaría difícil encontrar un mejor sitio que aquí al límite del mar de Ross.

Considerado el ecosistema marino más prístino del mundo, el mar de Ross está repleto de comida para pingüinos, como kril y lepismas, y sus depredadores, incluidas ballenas, focas y otras especies de aves marinas. Esta diversidad prospera en aguas alejadas de derrames de petróleo, escasez de nutrientes, especies invasivas y prácticas de pesca destructivas que plagan otras áreas marinas en todo el mundo. En 2016, 24 países reconocieron la importancia de la región protegiendo 600,000 millas cuadradas bajo la designación de área marina protegida (AMP) de la región del mar de Ross.

Sin embargo, ningún AMP puede proteger a los Adelaida de cabo Crozier del aumento de la temperatura a nivel mundial, que ya está transformando los casquetes polares y los patrones climáticos. Los modelos climáticos proyectan que el hielo del mar de Ross se conservará mejor que cualquier otro punto en Antártida, y esto representaría, potencialmente, la mejor oportunidad de supervivencia para la colonia reproductiva de esta especie. “Los Adelaida necesitan del hielo marino, así que cuanto más hielo desaparece, más especies sufren la misma suerte”, dice David Ainley, científico de pingüinos. Incluso a medida que se achican las poblaciones de Adelaida en la península antártica, la población en el mar de Ross sigue creciendo: Las 870,000 parejas constituyen, hoy en día, un tercio de los Pingüinos Adelaida de todo el mundo.

Durante más de 20 años, Ainley y otros científicos han estado estudiando a los Adelaida cuando llegan a la costa de este páramo azotado por el viento para reproducirse. Sin embargo, los lugares en los que los Adelaida buscan comida durante el invierno siguen siendo un misterio. Un nuevo estudio intenta rastrear el comportamiento de los pingüinos durante la larga noche polar, algo que podría ayudar a conservar la especie a medida que el cambio climático transforma con rapidez el continente glacial.

Fotografía de Chris Linder

Un Pingüino Adelaida hace una llegada triunfal a cabo Crozier después de haber cazado en el mar para alimentar a sus crías. Este cohete blanco y negro puede elevarse seis pies en el aire de un solo salto para atravesar el borde de un casquete; si no calcula bien o trastabilla, se arriesga a ser presa fácil de los leopardos marinos que patrullan la zona. Cuando regresa a su nido, regurgita el kril y las lepismas en las bocas de uno o dos de sus crías, y luego regresa al mar o intercambia roles con su pareja. De cualquier forma, la caza nunca termina, al igual que la tarea de alimentar a las crías. Eso sucede porque los Adelaida son depredadores visuales que necesitan luz para cazar, y justamente su ciclo de vida se basa en el ciclo de luz. En el Polo Sur, el sol sale 24 horas al día en verano, es decir que los Adelaida adultos cazan a toda hora.

Annie Schmidt, que maneja el programa ecológico de Pingüinos Adelaida para la organización sin fines de lucro Point Blue Conservation Science, camina por el cabo Crozier durante una tormenta. Cuando se recopila información en el campo, los científicos se quedan en una pequeña cabaña de madera sobre una colina por encima de la colonia; salvo por ese punto, el resto es nieve, hielo, pingüinos y el océano. Cada 7 o 10 días, realizan una búsqueda sistematizada de la colonia completa para tomar notas sobre los pingüinos que tienen bandas metálicas en sus alas con un número de identificación. Al rastrear aves individuales a lo largo de sus vidas, los investigadores esperan comprender cómo influencian la supervivencia de las crías factores como las capas de hielo.

Hace tres años, los investigadores comenzaron a utilizar nuevas tecnologías para rastrear mejor a los pingüinos. Ahora les colocan bandas en las patas que registran la luz, la profundidad y la presión a 150 pingüinos por temporada. Los dispositivos cuentan con una pequeña batería que hace que recopilen datos durante un año entero, hasta la siguiente temporada de campo, cuando les quitan las bandas de las patas y descargan la información a una computadora. Schmidt puede calcular la ubicación de los pingüinos y su comportamiento de caza solo con obtener información sobre luz, profundidad y presión.

Estas bandas revelan, por primera vez, dónde han pasado esos pingüinos el invierno: Las aves migran unas 8,000 millas en forma circular, manteniéndose cerca del borde del hielo a medida que se expande. De esta manera, se aseguran tener hielo para descansar y para mantenerse en latitudes con luz solar ya que, en invierno, Antártida pasa a tener 24 horas de oscuridad por día. “Han evolucionado hasta encontrar esta área feliz en la que hay una cantidad justa de hielo y de luz para que busquen comida”, dice Dennis Jongsomjit, investigador de Point Blue que pasó ya tres temporadas de campo en el cabo Crozier. “Si el bloque se desplaza un poco al norte o al sur a raíz de los cambios que produce el calentamiento global, tendrá consecuencias en su capacidad de alimentarse y sobrevivir”.

Una pareja de Adelaida se saludan, antes de cada cambio de rol de nidificación, en un ritual de llamados intermitentes y fuertes y enérgicos balanceos de cabeza. Los Pingüinos Adelaida son fieles a sus parejas y a sus sitios de nidificación. “Regresan casi a los mismos nidos cada año”, dice Jongsomjit. “En invierno, nadan miles de millas al océano, y luego regresan a la colonia y encuentran el mismo nido en el que anidaron hace un año”, nos cuenta. Eso hace más fácil para los investigadores la tarea de reencontrar las aves marcadas y quitarles sus bandas de las patas para descargar la información. “Sabemos quién va a estar y en dónde”, dice. “Tenemos mapas muy detallados que nos permiten encontrarlos”.

A principios de diciembre, el hielo marino se extiende hacia el horizonte, lejos del cabo Crozier. Para fin de mes, en el pico del verano antártico, vientos incesantes empujan el hielo lejos de la costa. Las aguas abiertas son el principal motivo por el cual los Adelaida nidifican en Crozier: Les brinda un acceso rápido a su zona de caza. 

Es probable que las aves necesiten acceso rápido a sus zonas de caza también en invierno. El equipo de Ainley se asociará con NASA para combinar nueva inteligencia en rastreo con la información satelital de la agencia para conocer cómo utilizan los pingüinos el hielo marino y dónde obtienen alimentos con más éxito durante el invierno. Ese tipo de conocimiento podría ayudar a los científicos a identificar zonas de alimentación importantes a proteger, mejorando las posibilidades de supervivencia de los Pingüinos Adelaida en un futuro con mayor temperatura.

Una banda metálica se les coloca en el ala con un número de identificación único para que los investigadores puedan seguirle el rastro a cada pingüino a lo largo de sus vidas. Habitualmente, los investigadores les colocan las bandas al final de la temporada, cuando las crías están casi crecidas pero aún no cuentan con las plumas adultas que necesitan para meterse en el mar. Es el momento perfecto: los padres no están y los investigadores no tienen que preocuparse de no lastimar a las crías. De hecho, es más frecuente que las crías lastimen a los investigadores al golpearlos con sus alas o rayarlos con sus patas. Les colocan bandas en las alas a un grupo de entre 500 y 1,000 crías de pingüinos cada año.

Los Adelaida construyen sus nidos poco profundos con los pequeños guijarros que quedan del retroceso de los glaciares. Se los suele ver llevando sus preciadas piedrecillas en largos recorridos a través de la colonia.

Cuando sus crías son jóvenes, los padres se turnan en la colonia. Uno de los adultos descansa y protege a las crías, quedándose en el nido de guijarros unidos por guano, mientras el otro caza en el mar. Una vez que las crías crecen y el verano austral se transforma en invierno, los Adelaida del cabo Crozier se dirigen al mar. 

Vientos furiosos arrojan ráfagas de nieve sobre los adultos Adelaida que protegen a sus crías. Puede parecer incómodo, pero esos vientos fuertes son los que hacen que el cabo Crozier sea un lugar ideal para nidificar. Además de alejar el hielo de la costa, el viento evita que se acumule nieve en montones y entierre los nidos.

Al cabo de un mes de incubación, las primeras grietas empiezan a aparecer en un huevo de Adelaida, ¡y sale una cría! (Los adultos suelen poner dos huevos por nido). Incluso cuando las crías son muy pequeñas, los adultos Adelaida se saludan dentro de su espectro auditivo. De esa forma, las crías conocen el llamado distintivo de cada uno de sus padres. Esto resulta importante más tarde, cuando las crías viven lejos del nido, en una crèche (o guardería de pingüinos), y tienen que encontrar a sus padres.

Una ventisca del cabo Crozier entierra a un Adelaida hasta el pico. En lugares ventosos como cabo Crozier, la nieve no suele acumularse. Con suerte, los vientos fuertes limpiarán la nieve en poco tiempo.

Siempre cautelosos de los leopardos marinos al acecho, los Pingüinos Adelaida evitan pasar por los bordes de las fisuras cuando hay hielo fijo estacional, es decir, hielo marino acoplado a la orilla. Cuando un grupo de Pingüinos Adelaida se acerca a aguas abiertas para cazar, en general se apiñan cerca del borde del hielo, esperando a que algún valiente salte (o lo empujen) al agua, donde quizás haya leopardos marinos esperándolo. Si el pionero sobrevive, el resto lo seguirá, sumergiéndose en las aguas gélidas del mar de Ross.

Un Pingüino Adelaida atraviesa la maraña de bloques de hielo marino para llevar comida a sus crías hambrientas. En verano, cuando el sol nunca se pone, comienzan a colgar carámbanos en las salientes del hielo marino.

Las colinas manchadas con guano del cabo Crozier, en Antártida, son el hogar casi un millón de Pingüinos Adelaida cada verano, y la cifra ha aumentado exponencialmente en los últimos 15 años. En otros puntos de Antártida, donde disminuye el hielo marino, también disminuyen las poblaciones. Pero aquí, por motivos que aún se desconocen, el hielo marino está en un proceso de expansión (incluso siendo más fino). Esto les brinda a las especies de hielo mejores plataformas de caza, y un mejor acceso a las polinias: áreas de aguas abiertas ideales para los pingüinos que buscan alimentos.

Pero el hielo marino de por sí no explica la explosión demográfica en el cabo Crozier. Ainley también atribuye su éxito a la pesca de Bacalao Antártico que opera en el mar de Ross, por fuera del MPA. Las merluzas y los pingüinos compiten por la misma presa: la lepisma Antártica. A medida que la pesquería elimina merluzas del sistema, más lepismas quedan disponibles para los pingüinos jóvenes y adultos. Los científicos actualmente exploran esta hipótesis en más detalle.

“Los Pingüinos Adelaida que migran al norte en el invierno atraviesan varias áreas donde se permite la pesca de merluza y kril”, dice Ainley. Al rastrearlos durante el invierno, y asociarse con NASA para utilizar su información satelital e identificar el uso que los pingüinos hacen del hielo marino, Ainley espera poder comprender mejor cómo se mueven en estas zonas de pesca, y esta información ayudará a revisar la gestión del área en un futuro.

Una pareja de Adelaida busca alimento bajo el sol de medianoche, y compiten entre sí por el privilegio de recibir comida regurgitada. Las crías solo conocen la luz, pero en poco tiempo el área quedará en completa oscuridad. Cuando sean mayores, acompañarán a sus padres a perseguir la luz y el hielo marino al norte; y gracias a sus bandas en sus patas, los investigadores las seguirán durante todo el camino.

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Bald Eagle. Photo: Don Berman/Audubon Photography Awards

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