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El río Colorado vuelve a fluir en su delta. Los flujos, que comenzaron el 1 de mayo, son el resultado de colaboración binacional y de gestión deliberada. El agua se destina a mantener el ecosistema y las comunidades locales en un paisaje donde el río no ha fluido durante la mayoría de los años en el último medio siglo.  Es una noticia alentadora para el río Colorado, que a principios de este año fue designado como el río más amenazado de Estados Unidos. 

El flujo de este año será muy similar al escurrimiento diseñado para el delta en 2021. El agua del río Colorado evita deliberadamente los tramos más secos del delta, canalizado en la frontera hacia el distrito de riego de México, donde viaja a través de canales revestidos de concreto para volver a conectarse con el río unas 40 millas río abajo.  Desde allí, el agua fluye por el canal del río, pasando por más de 500 hectáreas de bosque ribereño cuidadosamente restaurado, hacia el Alto Golfo de California. Al igual que el año pasado, el flujo de este año es de aproximadamente 43 hectómetros cúbicos de agua (43 millones de metros cúbicos), entregados durante casi 5 meses desde el 1 de mayo hasta el 20 de septiembre.  En un año en el que parece que no podemos escapar de las horribles noticias sobre el cambio climático, los incendios forestales y la escasez de agua, el flujo del delta es una señal de que todavía es posible mejorar la gestión del río Colorado.  A medida que los impactos del cambio climático continúen afectando a la región, este tipo de gestión será más importante que nunca.

Docenas de científicos están desplegados en el campo para medir el impacto de esta entrega de agua y proporcionar sugerencias sobre cómo usar un flujo administrado para mejorar los beneficios ambientales en una región conocida por albergar unas 380 especies de aves, entre ellas los cuclillos pico amarillo y las gaviotas plomizas. Gracias a las continuas aportaciones de los científicos a lo largo de los años, el diseño de estos flujos tiene como objetivo optimizar la ubicación y la oportunidad de las entregas de agua para apoyar los hábitats fluviales restaurados y remanentes, las aves que los utilizan y los residentes de las comunidades mexicanas cercanas que están redescubriendo un río en su medio.

El flujo controlado en el delta es el resultado de una hidro-diplomacia mejorada entre Estados Unidos y México.  Las secciones de Estados Unidos y México de la Comisión Internacional de Límites y Aguas, junto con las agencias federales de agua en ambos países, la Oficina de Recuperación de Estados Unidos y la CONAGUA, operan hoy bajo el Acta 323, un acuerdo de 2017 que modernizó la gestión del río Colorado establecida por primera vez en el Tratado de 1944.  El Acta 323 reconoce el valor del agua para el medio ambiente, para el propio río, un valor que el tratado original no consideraba.

El Acta 323 puede sonar como una ley arcaica, pero consideremos su impacto: en 2022, por primera vez, se declaró una escasez en el río Colorado, y México junto con Arizona y Nevada, recibió menos de su asignación total de agua (existe un acuerdo nacional paralelo de Estados Unidos, el Plan de Contingencia de Sequía de la Cuenca Baja). Este podría haber sido el comienzo de un conflicto internacional: en la década de 1960, más de 10.000 agricultores de Mexicali protestaron durante días en las escalinatas del consulado estadounidense en respuesta a la degradación de la calidad del agua del río Colorado de los Estados Unidos, y finalmente el presidente Echeverría de México llevó la preocupación a una conversación en el Despacho Oval con el presidente Nixon. Pero en 2022, Estados Unidos redujo las entregas de agua del río Colorado a México, y con el Acta 323 en vigor, se implementó sin observaciones.

A medida que el cambio climático continúa aridificando la cuenca del río Colorado y la disponibilidad de agua continúa disminuyendo, las disposiciones del Acta 323 para compartir la escasez de agua de manera proporcional, equitativa, se erige como un modelo de buena gestión.  Incluso podría ser un modelo útil para los siete estados de los Estados Unidos (Arizona, California, Colorado, Nuevo México, Nevada, Utah y Wyoming) que deben desarrollar acuerdos de reparto de la escasez entre ellos para adaptarse a la disminución del suministro de agua del río.

El impacto del Acta 323 va más allá: en virtud de lo acordado, Estados Unidos se comprometió a aportar millones de dólares para ayudar a mejorar la infraestructura hidroagrícola en el Valle de Mexicali, y México ha conservado y almacenado más de 185 hectómetros cúbicos de agua en el lago Mead de Estados Unidos, contribuyendo a mantener el almacenamiento de agua en un embalse que está disminuyendo demasiado rápido.

En virtud del Acta 323, Estados Unidos y México empezaron a gestionar con éxito la disminución del suministro de agua del río Colorado, ayudando a mejorar las condiciones de los usuarios del agua en ambos países, al tiempo que asumieron compromisos ambientales de agua.  Usuarios del agua y amantes del río Colorado tienen una deuda de gratitud con los líderes que negociaron el Acta 323, y deberán pedir eso mismo al menos de los futuros acuerdos sobre el río Colorado.

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