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Las aves marinas se atreven a ser diferentes. No cantan, no caminan bien y su forma preferida de reproducirse es formar colonias de reproducción enormes y densas cerca del océano. Esta última característica pone sus huevos, tanto metafóricos como literales, en unas pocas canastas grandes, lo cual los ha hecho vulnerables a la explotación a lo largo de la historia humana. La caza comercial, recolección de huevos y otras formas de extracción fueron especialmente devastadoras para las aves marinas. Hoy en día, las amenazas adicionales de la pesca excesiva, la contaminación y el cambio climático están llevando a muchas especies al borde de la extinción.
Durante los últimos 52 años, el Seabird Institute de Audubon, basado en Maine, ha sido pionero en formas de fomentar que aves marinas como los frailecillos, charranes, petreles de tormenta y más vuelvan a colonizar islas de anidación históricas. Muchas de sus técnicas dependen de la idea de la atracción social, que a menudo implica usar señuelos, espejos y la reproducción de grabaciones de aves marinas para engañar a las aves y hacerles creer que una colonia abandonada es un lugar popular. Esto quizás es engañoso, pero muy efectivo. Con las técnicas que desarrollaron, el Seabird Institute ha restaurado todo el conjunto de especies de aves marinas que anidaban en Maine antes de la colonización europea, revirtiendo las extirpaciones a nivel insular y estatal que ocurrieron décadas y siglos antes.
Dado que la mayoría de las especies de aves marinas comparten características reproductivas, las técnicas del Seabird Institute tienen el potencial de beneficiar a especies de otras áreas. Pero no existe una forma sistemática de difundir esta información a los gestores de aves marinas de todo el mundo. Para remediar esto, el instituto estableció la Beca Internacional Josephine Daneman Herz para Aves Marinas, también conocida como la Beca Herz.
Josephine Daneman Herz fue una conservacionista y apasionada observadora de aves que proporcionó la financiación original para iniciar la beca. Casi todos los veranos desde 2009 (excepto durante la pandemia de COVID-19), la Beca Herz ha patrocinado a gestores de aves marinas, científicos y estudiantes de todo el mundo para que acudan al Seabird Institute, apoyen el trabajo de campo del instituto y aprendan sus técnicas. Treinta y cinco becarios han pasado por el programa y han llevado conocimiento de vuelta a once países. El hijo de Herz, Mike Herz, sigue apoyando la beca debido a los impactos que él percibe. “Creo que el programa de becas es una de las historias más poderosas que el Seabird Institute y Audubon tienen para contar”, dice. “No es solo esperanza. Hay técnicas y procedimientos probados que la gente puede aprender”.
Hasta ahora, estas técnicas han beneficiado a alrededor de un tercio de las especies de aves marinas en todo el mundo, según Don Lyons, director de ciencia de la conservación del Seabird Institute. Por ejemplo, cinco exbecarios de Herz han trabajado en la conservación del charrán crestado chino (Thalasseus bernsteini), una especie en peligro crítico de extinción que antes se declaraba extinta. Un becario, Zhongyong Fan, lidera ahora los esfuerzos del Museo de Historia Natural de Zhejiang de China para restaurar la especie en sus tres lugares más importantes, situados frente a la costa de la provincia de Zhejiang y en el estrecho de Taiwán.
En 2025, asistieron becarios procedentes de Ecuador, Argentina y Brasil. De junio a agosto, vivieron en las islas que gestiona el Seabird Institute y ayudaron a monitorear, gestionar y estudiar las aves que se reproducen allí. En el proceso, cada uno desarrolló nuevas habilidades, amistades e inspiración para llevar de vuelta a los proyectos en los que trabajan en sus países de origen.
El verano comenzó con drama para Dominique Espinoza Quirola. Después de viajar desde Guayaquil, Ecuador, hasta Bremen, Maine, una tormenta impidió que ella llegara a su destino, y por cinco días esperó ansiosa en el campamento base del Seabird Institute allí. Cuando por fin mejoró el tiempo, las aguas agitadas empaparon todo mientras su barco llegaba a Eastern Egg Rock. Espinoza llegó tambaleándose a la orilla y dio un saludo aturullado al personal del Seabird Institute que se había reunido para recibirla. Entonces levantó la vista y vio los miles de charranes en el cielo. Esta cacofonía de aves marinas era para lo que había venido.
El amor que llevó a Espinoza a esta roca ruidosa comenzó mientras cursaba su licenciatura en biología marina. Las aves no eran su foco en aquel entonces, pero coincidió con observadores de aves durante un curso para convertirse en guía naturalista. Pronto viajaba con ellos a excursiones de observación de aves y conferencias por todo Ecuador. Uno de esos viajes la llevó al Océano Pacífico, donde vio por primera vez aves marinas como el albatros de las Galápagos (Phoebastria irrorata) y el petrel de tormenta de cara blanca (Pelagodroma marina). Esas aves la cautivaron. “Era como ese sentimiento como a mí me gustaría, en algún punto de mi vida, poder trabajar con estos animales”, dice Espinoza.
Dos años después, la Beca Herz cumplió ese deseo. A diferencia de la mayoría de los becarios de Herz, Espinoza no había trabajado antes con aves marinas, así que había mucho que aprender. Sus días solían comenzar a las 6:00 a.m. con tres horas observando charranes y frailecillos atlánticos (Fratercula arctica) desde un escondite y concluían con revisiones de nidos a última hora de la tarde. “Yo me acuerdo que ya terminaba muerta. [Después de cenar] Ya me iba directo a la cama a dormir”, dice.
Esos días agotadores la recompensaban proporcionalmente con conocimiento. “Este proyecto me abrió un montón de posibilidades y pude conocer muchísimas formas do cómo estudiar a estos animales”, dice. Aprendió a capturar, anillar y colocar geolocalizadores en charranes, frailecillos, alcas comunes (Alca torda) y petreles de tormenta. Aprender las diferentes técnicas de manejo de cada especie y cómo minimizar su estrés le resultó especialmente útil. Por ejemplo, aprendió que cuando los araos aliblancos (Cepphus grylle) se estresan, sus pies se calientan.
Espinoza ve una gran necesidad en la costa ecuatoriana de las habilidades que aprendió como becaria de Herz. Según ella, las aves marinas que anidan a lo largo del Ecuador continental reciben mucho menos estudio que las de las Islas Galápagos. Espinoza espera cambiar eso. A largo plazo, quiere trabajar con las comunidades costeras para estudiar y conservar las aves marinas de allí. Obtener un máster en conservación de aves marinas probablemente será su siguiente paso hacia ese objetivo.
Tomás Tamagno llegó al Seabird Institute desde la costa patagónica de Argentina, donde las colonias de aves marinas han atraído la atención de la explotación extranjera desde el siglo XIX. Empresas de Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos mataron miles de pingüinos al día para cosechar grasa y crear aceite para lámparas. También extrajeron guano rico en nutrientes para fabricar fertilizantes, destruyendo nidos y colonias enteras de aves marinas en el proceso. Hoy en día, la explotación directa puede haber cesado, pero persisten otras amenazas. La pesca excesiva agota sus reservas de alimento y los mamíferos invasores (conejos, gatos, ratas y armadillos) comen la vegetación bajo la que anidan las aves marinas, consumen sus huevos y causan erosión.
La Fundación Rewilding Argentina es una organización sin fines de lucro que trabaja para revertir estas tendencias en la Patagonia. Como parte de esto, monitorean y restauran colonias de aves marinas en el Parque Provincial Patagonia Azul, que alberga colonias de pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus) y gaviotas de Olrog (Larus atlanticus) en peligro de extinción, Macronectes giganteus petreles gigantes del sur y cormoranes imperiales (Leucocarbo atriceps). Tamagno apoya estos esfuerzos de monitorización como técnico de campo. “Incluso las amenazas pequeñas pueden ser peligrosas”, dice. “Por eso es importante monitorear las poblaciones de las colonias y evitar que llegue a ser demasiado tarde para protegerlas”.
Durante su beca, Tamagno aprendió varias técnicas nuevas de monitoreo, como pesar y medir polluelos, y marcar y anillar aves. “Toda la experiencia que he adquirido aquí me ayudará a aplicar estas herramientas en Argentina, lo cual es perfecto, porque queremos empezar a implementar estas técnicas en nuestro proyecto, con nuestras propias especies, en nuestro propio lugar”, dice.
Aunque aprender técnicas individuales es importante para él, comprender la gestión más amplia del Seabird Institute lo es aún más. Ver cómo los científicos del Seabird Institute llevan a cabo proyectos complejos y a largo plazo de restauración de aves marinas le proporcionó una visión invaluable para sus objetivos de conservación a largo plazo. La recogida de datos sistémica y organizada del Seabird Institute es una de las cosas más importantes que quiere llevar de vuelta a Patagonia Azul.
La beca también le proporcionó motivación a nivel personal. “Es muy inspirador ver a tanta gente tan apasionada por estas aves y estos ecosistemas”, afirma. “Creo que realmente me inspira a... poner todo este conocimiento y experiencia en mi propio ecosistema y hacer todo lo posible por mejorar su conservación”.
En la costa noreste de Brasil, en la ciudad de Galinhos, Rafael Revorêdo estudia la distribución del charran rosado (Sterna dougallii), una especie que se reproduce en el Caribe y en la costa norteña del Atlántico de Norteamérica. Mientras los charranes abandonan sus colonias de posadero cada mañana, corren el riesgo de chocarse contra los cables eléctricos en la tenue luz del amanecer. Revorêdo lidera un proyecto para mitigar los riesgos de una organización sin fines de lucro llamada CEMAM. Junto con socios, CEMAM desarrolló una forma eficaz de reducir las colisiones entre charranes instalando marcadores en las líneas eléctricas que los hacen más visibles para los charranes. Clave para su éxito fue el uso de radiotelemetría para identificar por dónde viajaban más a menudo los charranes.
Revorêdo quiere replicar este éxito en todo Brasil. Como estudiante de doctorado en la Universidad Federal de Rio Grande do Norte, estudia los movimientos y la distribución de los charranes rosados para identificar otros lugares en Brasil donde es probable que los charranes choquen con líneas eléctricas y parques eólicos marinos. Al mapear estas zonas de riesgo, espera mitigar las amenazas de forma proactiva.
Para ello, hay que capturar charranes, ponerles etiquetas de telemetría y usar radiotelemetría para rastrearlos. Revorêdo llegó al Seabird Institute con ganas de aprender estas técnicas. Como becario de Herz, primero en 2024 y de nuevo en 2025, Revorêdo aprendió a capturar, etiquetar y analizar datos de telemetría para charranes rosados, petreles de tormenta, alcas comunes y frailecillos atlánticos. “Venir aquí y ser miembro de este programa me ha permitido mejorar todas estas habilidades”, dice. Gracias a abundante experiencia práctica, ahora puede marcar charranes de forma independiente.
Una experiencia increíble durante su beca demostró la importancia de formar conexiones y compartir conocimiento entre distantes proyectos de investigación. El febrero pasado, Revorêdo formó parte de un esfuerzo colaborativo entre el Instituto de Aves Marina y CEMAM para anillar y colocar etiquetas geolocalizadoras en charranes rosados en Brasil. Cuando regresó a Maine el verano pasado, volvió a capturar uno de esos charranes. “Esto fue algo grande. Fue increíble”, dice Revorêdo. La etiqueta de telemetría del charrán contenía el primer seguimiento GPS de alta resolución de la migración completa de un charrán rosado en la población de Maine, afirma. Ese registro mostraba al ave cruzando el Océano Atlántico desde Puerto Rico hasta Maine. También mostró al ave volando por una zona que ha sido arrendada por un parque eólico marino. Señala que estos descubrimientos solo ocurrieron trabajando en conjunto en todo el hemisferio.
Estas habilidades le ayudarán no solo en Brasil, sino también en colaboraciones a lo largo del hemisferio occidental. Actualmente, está ayudando a crear una red de investigación sobre charranes rosados en toda América. Cuando regrese a Brasil, Revorêdo será responsable de recapturar aves marinas marcadas en el noreste de Norteamérica, descargar sus datos de localización y compartirlas con esta red para mejorar la conservación en toda su área de distribución. “Definitivamente las aves y la investigación nos están conectando”, dice.