El recientemente restaurado Cabo Caminada, un sistema de islas que forman una barrera de trece millas de longitud, protege la costa de Luisiana contra las tormentas tropicales.

Acerca de la revista Audubon

Luisiana está restaurando su barrera de islas para defenderse contra huracanes y el ascenso del mar

Los fondos por el derrame de petróleo de Deepwater Horizon están fluyendo hacia el estado para financiar un trabajo de restauración sin precedentes a lo largo de la vapuleada costa... Justo a tiempo.

Las islas barrera de Luisiana no parecen gran cosa. Decenas de masas largas y angostas forman una cadena floja alrededor de la línea costera del sur del estado, y muchas solo se elevan apenas unos metros sobre la superficie del mar. La erosión es un enemigo inevitable para cualquier expansión arenosa, pero en los últimos años estas islas han empezado a contraerse a una velocidad alarmante, tan rápido que características de miles de años de antigüedad podrían desaparecer por completo a finales de siglo. Perder estas briznas de tierra sería desastroso. Sin ellas, poderosas tormentas azotarían las ciudades costeras, los puertos marítimos y los humedales. Las mansas aguas detrás de su frente protector desaparecerían, así como los viveros donde se reproducen y crecen peces, camarones, cangrejos y ostras, y donde cien millones de aves viven, anidan o se detienen a descansar y reabastecerse en sus vuelos migratorios de largas distancias.

Luisiana está en una carrera contra el tiempo, según el Gobernador John Bel Edwards. "Si no restauramos esta barrera, peligra nuestro futuro", me confesó. "Esa tierra es la primera línea de defensa. No podemos exponernos a una situación en la que el Golfo de México ‘se trague’ los diques de Nueva Orleans".

Las causas de esta desaparición son muchas y conocidas. Los canales de las industrias de petróleo y gas han fragmentado los humedales costeros, lo que ha permitido que surja agua salada tierra adentro y que las islas queden la deriva, separadas de las costas que normalmente abrazan. La canalización del río Misisipi ha agotado a los humedales de sedimento, su elemento más básico, y ha arrastrado gran parte de la arena que de otro modo estaría engrosando la barrera muy adentro del Golfo de México. Es más, la costa de Luisiana está cediendo de manera natural mientras sube el nivel del mar; el agua está ascendiendo a un centímetro y medio por año e inexorablemente devora la costa aún más. Y se suman las numerosas tormentas y el derrame de petróleo de BP, que han apaleado las islas. Mientras el clima siga calentándose, se proyecta que el nivel del mar ascienda más de dos metros para el año 2100, y más tormentas intensas harán destrozos en las islas, lo que provocará que las fauces acuosas del Golfo de México se expandan y dejen a la costa y sus habitantes cada vez más expuestos.

Después de años de esfuerzos sin coordinar para detener la pérdida de tierras costeras, Luisiana ahora tiene un plan maestro. La Autoridad de Protección y Restauración Costera (CPRA, por sus siglas en inglés), formada en 2005 en respuesta a los nefastos destrozos ocasionados por los huracanes Katrina y Rita, ha creado una agenda de restauración detallada, cuya última reiteración fue aprobada en junio por la legislatura del estado. Dos de los componentes más importantes del plan son reconstruir los sistemas de barreras y diseñar cortes intencionales en el sistema de diques del Río Misisipi para permitir que el río, tan cargado de sedimento, reponga y reconstruya los humedales costeros. Es un emprendimiento colosal, y el proyecto de restauración costera más grande de la historia estadounidense. Rediseñar la vasta extensión de la barrera y los humedales de Luisiana, y construir otra infraestructura protectora como muros y diques de defensa contra inundaciones, costará 50 mil millones de dólares o más en los próximos cincuenta años.

En un giro irónico, el derrame de petróleo de BP de 2010 ha permitido que este plan astronómicamente costoso empiece a implementarse. Luisiana recibirá 7.100 millones de dólares para trabajos de restauración por el pago de multas por parte de los responsables de Deepwater Horizon, que provocó la muerte de once personas y vertió 4,9 millones de barriles de petróleo crudo en el Golfo. Existen varias fuentes de financiamiento relacionadas con el desastre, incluso más de $810 millones provenientes de los fondos de la Ley RESTORE (por su significado en inglés, "Ley de Recuperación"), una parte de los cuales empezarán a fluir este año; cinco mil millones de dólares de la Evaluación de Daños de Recursos Naturales (NRDA, por sus siglas en inglés), y casi 1.300 millones de dólares del Fondo para el Beneficio Ambiental del Golfo de la Fundación Nacional de Pesca y Vida Silvestre (NFWF, por sus siglas en inglés).

Luisiana ya ha comenzado las obras de restauración, para lo que utiliza los fondos por el derrame de petróleo de BP y otros recursos. Los dirigentes saben que está todo en juego. "Nuestras acciones en las próximas dos décadas", dice el plan maestro, "determinarán si sobrevive la costa de Luisiana". Su supervivencia es importante no solo para la gente y la vida silvestre locales. Todo estadounidense que carga combustible en su vehículo, usa plástico o come camarones, está utilizando un producto que bien puede haber sido extraído, forjado o cosechado en la costa de Luisiana. Sin un sistema de barrera saludable, todo esto está en riesgo.

 

En un remoto laboratorio marítimo de Luisiana, el geólogo costero Alex Kolker abre Google Maps y describe cómo la barrera del estado comenzó a existir. Hace un acercamiento sobre la imagen de South Pass, ubicado a alrededor de 160 kilómetros al sudeste de Nueva Orleans. Allí, un brazo largo del Misisipi ingresa al Golfo de México. El agua fresca se frena al chocar con el océano, explica Kolker, y sedimentos más pesados, como la arena, caen, lo que crea una pila masiva. El viento y las olas golpean la pila y forman una línea larga y delgada. "Esta es la protobarrera", continúa Kolker, explicando que este es también es uno de los pocos lugares de Luisiana donde el Misisipi todavía está generando tierra.

En un período de varios cientos de años, la protobarrera se convierte en una barrera madura con una playa ancha, una tira de dunas y pantanos de fondo. La capacidad del Misisipi de depositar sedimentos y arena literalmente ha construido el sudeste de Luisiana, tanto los humedales costeros como la barrera de islas. Aproximadamente una vez cada mil años, el río cambia su curso de modo natural, y envía el sedimento por un nuevo camino. Una vez que el río se traslada, los pantanos y las islas a lo largo del trecho antiguo empiezan a erosionarse hacia el mar. A nivel histórico, el río creó tierra en el área recién inaugurada y Luisiana siguió creciendo, pero el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y otros han obstruido el Misisipi con presas y trabas, y los canales y diques han contribuido a canalizar su rico sedimento hacia el mar, en lugar de permitir que se acumule a lo largo de la costa. "Salvo que haya un apocalipsis zombi, no creo que volvamos al estado natural en ningún punto del milenio previsible", dice Kolker. "En realidad, los seres humanos son el mayor factor de influencia de los procesos naturales del planeta en la actualidad".

El plan maestro de Luisiana reconoce esa realidad. "Sabemos que nuestra costa cambiará, pero tenemos dos opciones", comenta Bren Haase, uno de los principales desarrolladores del plan. "Podemos permitir que se degrade y desmorone y tolerar ese dictamen donde vivimos y en lo que hacemos con nuestra costa, o podemos controlar ese cambio, y eso es lo que estamos intentando hacer".

Ilustración: Katie Peek

La CPRA en la actualidad está emprendiendo proyectos en la Cadena de Barreras de la Cuenca Barataria y en los humedales de Luisiana. El costo total será de aproximadamente 500 mil millones de dólares, y los fondos provendrán de las multas por el derrame de petróleo de BP: $7,3 millones de la Ley de Restauración, $153,6 millones de la NFWF y $318 millones de la NRDA. Cientos de millones de yardas cúbicas de arena, recogidas costa afuera, reconstruirán las playas, dunas y los hábitats de pantanos tras la barrera, para permitir que estas islas vuelvan a servir como amortiguadores importantes una vez más.

En marzo la CPRA finalizó su proyecto de restauración de barreras más grande hasta el momento, en Cabo Caminada. Este sistema de barreras de trece millas de largo ofrece una protección vital para el puerto petrolero vecino, Fourchon, e incluye la Isla de Elmer, una playa popular para pescadores de caña y avistadores de aves. Aunque Caminada quedó fuera de la zona de destrucción del huracán Katrina, la Isla de Elmer fue azotada por el huracán Rita en 2005 y una vez más por el huracán Gustav en 2008. En 2010 llegó a las costas petróleo de las fugas del pozo Macondo de BP, para unir las playas con bolas de alquitrán pegajoso del diámetro de platos de té, que sofocaron los pantanos interiores con mugre negra tóxica. Luego, en 2012, atacó el huracán Isaac. Estos fenómenos devastaron el cabo. Las olas de huracanes y los arrebatos de las tormentas devoraron las playas, lo que provocó una extensa pérdida de costas, y los potentes vientos y el oleaje desprendieron los humedales.

Una cálida mañana de abril llegué a la Isla de Elmer en busca de frailecillos de Wilson. Me uní al director de conservación de aves de Audubon Luisiana, Erik Johnson, y a dos técnicas costeras de temporada, Sarah Bolinger y Melinda Averhart. Audubon Luisiana ayudó a orientar sobre qué proyectos debería priorizar el plan maestro, según factores como dónde buscan comida y se reproducen las aves migratorias, y los relevamientos de sus aves costeras ayudarán a evaluar cómo responden las aves al trabajo de restauración. Este día primaveral, recién están llegando los frailecillos de sus misteriosas tierras de invernada en Centroamérica, y el equipo de Johnson está buscando parejas de apareamiento para marcar, los charrancitos americanos que también controlarán todavía están en viaje. "Antes de la restauración, estábamos metidos en agua hasta el pecho", cuenta Johnson, mientras hace gestos hacia la enorme playa sobre la que estamos parados.

El proyecto de 216 millones se financió en gran medida a través de las multas penales que pagaron BP y Transocean, propietario de la plataforma Deepwater Horizon. Los obreros dragaron nueve millones de yardas cúbicas de arena de un banco a casi 50 kilómetros costa afuera, la llevaron en barcazas hasta la costa y la bombearon mediante tuberías en la playa, para crear 1.059 acres de barreras, dunas y un hábitat de playa nuevos. Johnson me muestra cómo se están expandiendo estas dunas de poco más de 2 metros de altura, gracias a la contención que atrapa la arena. Señala una planicie arenosa detrás de las dunas que lleva a un pantano exuberante. Garcetas rojizas, diezmadas por los cazadores de plumas a fines de 1800 pero que ahora están protagonizando el regreso gracias a los esfuerzos de conservación que hace Audubon, corren veloces a través de los terrenos bajos, saltan al aire y atrapan peces. Gorriones sabaneros marinos, pollos de mangle, garcetas tricolor y chotacabras zumbones anidan en el pantano interior, donde cenan abundantes cangrejos europeos, arañas y otros invertebrados marinos, y, en el caso de los chotacabras, insectos voladores.

"A los frailecillos les encanta el lugar donde la playa se junta con el pantano", precisa Johnson, mientras señala la amplia planicie arenosa. Con toda seguridad, más tarde esa misma mañana atraen un par de frailecillos con un cebo de barro casero y un teléfono inteligente con una grabación de un polluelo en problemas. Atrapan al dúo con una red de niebla y los marcan como parte de su trabajo de seguimiento de la población de frailecillos mientras va madurando la playa recién restaurada. "La gran pregunta es cómo responden las aves individuales y sus poblaciones locales al nuevo hábitat generado por la restauración costera", comenta Johnson. En el transcurso de la temporada de reproducción, su equipo registrará alrededor de 500 parejas de charrancitos americanos en proceso de nidificación y treinta parejas de frailecillos de Wilson en esta playa restaurada.

Parece que, si se reconstruyen las dunas de las barrer