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Video: Camilla Cerea/Audubon

Volando Juntos

Detrás de escenas en el criadero de aves más grande de Connecticut

Es hora de comer, a toda hora, en el hospital de rehabilitación para animales de Sharon Audubon.

Comer, hacer popó. Comer, hacer popó. Comer, hacer popó.

Esa es la vida de un polluelo. Es una rutina simple, pero una que mantiene a los voluntarios del hospital provisional para la vida silvestre en Sharon Audubon, al noroeste de Connecticut, realmente ocupados. Desde el alba hasta el anochecer, realizan sus recorridos entre cientos de bocas hambrientas, entregándoles alimentos recién preparados tales como papilla de alimento para perros y tenebrios, ensalada de frutas bien triturada, y ratones enteros descongelados. Entre las comidas, realizan otras tareas: limpiar los excrementos, limpiar las jaulas y llevar a cabo interminables tandas de lavado. Es un trabajo muy desordenado e ingrato, pero los 26 voluntarios están totalmente comprometidos. “Este es mi lugar feliz”, dice Vicki Lynch, una higienista dental que ha estado trabajando como mamá ave durante cinco años.

Hoy en día, en su 40º aniversario, esta ajetreada unidad de polluelos forma parte del programa de rehabilitación altamente exitoso de Sharon Audubon. El centro de 1.000 acres, fundado en 1961, es uno de los únicos establecimientos en el Valle Housatonic que se especializa en cuidado aviar. Con el fin de mantener el mismo ritmo que el creciente número de pacientes, el personal instaló dos nuevas jaulas de vuelo exteriores el año pasado, con la ayuda de la Wiederhold Foundation. “Teníamos muchos arreglos que hacer”, cuenta el director del centro, Sean Grace. “Todos en la comunidad—humanos y otros—nos utilizan como un recurso. Mucho depende de nosotros”.

Un promedio de 350 aves ingresan a rehabilitación cada año, aunque 2016 ha sido un año especialmente atareado, con 280 pacientes hasta el momento. A la mayoría de las crías jóvenes las ingresan en primavera y verano los habitantes locales que recogen crías “abandonadas” del suelo. Algunas de estas aves son realmente huérfanas, mientras que otras solo intentan probar sus alas fuera del nido. Las aves cantoras y las aves de rapiña comprenden el 80 % de la clientela—y no todas ellas son crías indefensas. Siempre aparecen algunos adultos, con lesiones causadas por choques contra ventanas, vehículos, e incluso mascotas. Todas las aves son liberadas una vez que están lo suficientemente saludables; si no pueden sobrevivir en la naturaleza, se convierten en residentes permanentes y pasan a formar parte del grupo de aves para la educación, el cual incluye tecolotes orientales, un águila aliancha, un buitre americano cabecirrojo y un halcón peregrino.

Aunque la mayoría de los animales que el centro atiende son aves, cuenta con una política de puertas abiertas para todas las criaturas—los conejos, las tortugas, e incluso los insectos son bienvenidos. El programa está “floreciendo” gracias a los voluntarios, dice Sunny Bettley, especialista en rehabilitación y educación de vida silvestre en Sharon Audubon. Bettley comenzó a hacerse cargo del establecimiento el año pasado luego de trabajar en un importante hospital veterinario en la Costa oeste. Grace la describe como la clase de líder que lo sabe todo y que puede hacer todo. Ella tiene sus remedios personales—pequeñas botas hechas de envases de yogur, miel para esterilizar y coagular heridas abiertas—los cuales comparte con sus ayudantes, tal como Nicole Castaneda, una reciente graduada universitaria de Virginia.

Castaneda trabaja turnos de 8 a 12 horas varios días a la semana. El viaje es fácil—vive en el segundo piso del centro durante el verano—y no hay mucho más que hacer en el pueblo, cuenta. Recoger colas de ratón no consumidas es un pequeño precio a pagar para obtener la máxima recompensa: liberar a las crías jóvenes a las que ha estado cuidando. “Cuando ya no te necesitan más” dice Castaneda, “eso es realmente lo que queremos”. Para los voluntarios, la sensación es agridulce. Pero no hay tiempo para afligirse; siempre hay una nueva cría que requiere cuidados.

Juegos del Hambre

Se alimentó a estos mirlos jóvenes hace tan solo unos minutos, y ya están chillando por su próxima comida. Castaneda ya tiene preparada una mezcla saludable de manzanas y bayas. “Creo que obtienen mejores comidas que yo”, cuenta. 

Cuidado neonatal

Este pequeño polluelo de tan solo unos pocos días de edad es tan delicado que puede verse como el alimento se desliza por su garganta translúcida. Todo lo que necesita son algunas gotas de leche de fórmula, pero su apetito es constante. Aunque todavía es una cría demasiado pequeña para saber la especie, Bettley dice que podría ser un herrerillo bicolor.  

Top Chef

Los menús están adaptados para diferentes especies y diferentes grupos etarios. Para los recién nacidos y los polluelos, se prepara un guisado en microondas de alimento para perro, vitaminas, tenebrios vivos, y alimento para bebés (humanos). Las aves cantoras jóvenes obtienen una mezcla de frutos secos: semillas combinadas con trocitos de fruta.

Pequeños glotones

Los gorriones cejiblancos jóvenes esperan ávidamente a los tenebrios. Las crías de gorrión tienden a seguir comiendo—hasta la muerte, si no se los controla—por lo que los voluntarios administran las porciones con cuidado. 

Modales de mesa

Una cría de carpintero pico crestado está a punto de devorar un recipiente de tenebrios, los cuales llegan en masas por correo de caracol. El centro gasta decenas de miles de dólares por año para alimentar a sus pacientes, incluyendo USD 39.000 solo en ratones.

Primer compañero

Aunque Castaneda nunca permanece en un sitio durante mucho tiempo, este es su segundo verano consecutivo en Sharon. La mayor parte de sus turnos consiste en la alimentación, limpieza y lavado, pero también acompaña a Bettley con el fin de aprender los procedimientos médicos más delicados. Aquí se encuentra con los ánades reales—un grupo amante del lodo en necesidad constante de un estanque de agua fresca.

Autosuficiencia

Estos cuervos americanos se han graduado al siguiente nivel de cuidado hospitalario, el cual los prepara para ser autosuficientes en la naturaleza. Cuentan con su propia jaula de vuelo y se les está enseñando a recoger vísceras de ratón de las ramas y del suelo. 

El toque mágico

Una paloma bravía bebé se alimenta de una papilla rica en proteína suministrada con una tetina. El personal y los voluntarios del centro adaptan sus métodos de cuidado constantemente para que se ajusten a cada necesidad individual. En este caso, la tetina es la mejor opción ya que se adapta al pico del ave y no ocasiona ningún corte, como podría hacerlo el plástico, dice Castaneda.

Orphan Black

Bettley le proporciona un examen físico a un cuervo común joven recién ingresado. El ave fue hallada junto al cadáver de un ciervo y un adulto muerto (posiblemente uno de sus padres). Basándose en los callos de sus rodillas y las frágiles plumas de su cola, Bettley deduce que se estuvo arrastrando por el suelo—un comportamiento inusual para una cría de cuervo. Su receta médica: un examen rápido en busca de parásitos respiratorios y mucho alimento.

Aprenda más acerca de cómo apoyar y ofrecerse como voluntario para el trabajo de rehabilitación de Sharon Audubon el sitio web del centro.

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