De nuestra revista Magazine

“Cuando era niña, nos echaban a mí y a mis hermanos de nuestra casa en Richmond, California, para que jugáramos afuera el resto del día. Durante los meses de verano, esto implicaba quedarnos afuera por horas, y solo entrábamos en busca de comida. Jugábamos toda la tarde a la mancha y a las escondidas en el parque que quedaba en frente de nuestra casa. O caminábamos 30 minutos hasta Point Richmond, donde nos adentrábamos en las colinas junto a la bahía, haciendo paradas para fantasear con nuestro futuro y disfrutar de mirar el océano. De grande me di cuenta que íbamos tanto porque esos lugares nos transmitían mucha paz.

Años después, tuve esa misma sensación de paz cuando paseaba entre los antiguos secuoyas del Parque Nacional de Yosemite. Estaba haciendo un viaje de una semana, sola, por el valle del parque en 2013. Me adentré a una zona de árboles perennes altos, cascadas relajantes, picos de montaña nevados y una vida silvestre asustadiza. Al tiempo que procesaba la belleza que me rodeaba, comencé a prestarle atención a la gente con la que me encontraba. Había hordas de turistas, pero nadie se parecía a mí. La falta de personas de color en ese paisaje humano era demasiado obvia.

Me quedé pensando en eso cuando volví a casa. Tanto, que me acerqué a un guardabosques afroamericano en Yosemite para preguntarle si él también había notado la poca diversidad de los grupos que recorrían el parque. Me explicó que era algo que sucedía en la mayoría de los parques nacionales de todo el país, y me dijo que sería bueno que hiciera algo para abordar esa cuestión. Así comencé a buscar la manera de conectar a las comunidades subrepresentadas y a los más jóvenes con la naturaleza.

 

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Para diversificar ese paisaje, primero debemos llegar al meollo de la cuestión: la historia de nuestra tierra pública, tradicionalmente a disposición de los privilegiados. La fundación de nuestros parques nacionales, por ejemplo, expulsó a los Nativos Americanos de sus tierras, algunas sagradas, que habían habitado durante mucho tiempo. Hace poco, nuestros parques fueron segregados. Veamos el ejemplo del Parque Nacional Shenandoah: En los años 30, había carteles que indicaban a los “negros” que debían quedarse en un área, Lewis Mountain, mientras que el resto del parque, es decir, decenas de miles de hectáreas, eran exclusivos para los blancos. Esta norma se disolvió en 1947, pero les dejó una huella por generaciones a los afroamericanos: Las tierras públicas no les pertenecen. Ese legado afecta el modo en el que los afroamericanos ven nuestro lugar con respecto a los espacios públicos hoy en día. Tendemos a no adentrarnos en los lugares que la sociedad considera “espacios salvajes”, como Yosemite. Estar más cerca de casa genera una sensación de seguridad que otros lugares más remotos no brindan.

Eso tiene que cambiar. Tenemos que soltarle la mano a la exclusión histórica. A medida que el clima cambia y otras crisis amenazan nuestros parques, monumentos, refugios y recursos, necesitamos fortalecernos y generar un movimiento conservacionista que refleje una nación cada vez más diversa. Es momento de plantarnos, trabajar con firmeza para reconectar a las personas de color con nuestros espacios naturales, y enviar un mensaje a las generaciones venideras: las tierras públicas son tierras de todos. Y si queremos que quienes vengan después de nosotros adopten ese postulado y se movilicen para proteger espacios salvajes; necesitan verse reflejados en esa naturaleza, ya sea en el camino, en las noticias de redes sociales o en las páginas de alguna revista.

Desde mi propia visita a Yosemite, me propuse alentar a las personas de color de todo el país a salir a las calles y a esos espacios públicos. Inspirada por mi conversación con el guardabosques, lancé mi primera campaña, el African American National Parks Event (evento de parques nacionales para afroamericanos), en 2013, para alentar a las familias y a todos a explorar los parques nacionales un determinado fin de semana de junio. Unas 500 personas participaron ese primer año, y la cifra ha ido creciendo desde ese entonces. He recibido cientos de fotos de personas que fueron solas y en grupo que participaron del evento, junto con historias contando que siempre habían querido visitar Zion o Yellowstone y finalmente habían podido hacerlo.

 

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Más recientemente, comencé Hike Like a Girl (senderismo como una niña), que motiva a familias y amigos a salir a buscar senderos un fin de semana de mayo y a documentar sus aventuras en las redes sociales. Es una invitación abierta para mujeres; muchas se han contactado conmigo en los últimos años, y quiero invitarlas a embarcarse en una aventura de senderismo que seguro se deben y, claro, a inspirarse mutuamente. Y si bien la campaña apunta a las mujeres, los hombres suelen acompañarnos para pasar tiempo con sus hijos.

Y no estoy sola en mi lucha por diversificar los espacios públicos. Hay grupos como Latino Outdoors, Outdoor Afro, The Trail Posse, NativesOutdoors, Queer Nature, The Joy Trip Project, y muchos más que trabajan sin descanso en cuestiones de equidad, diversidad racial e inclusión a través de actividades en relación a la naturaleza. Les brindan a las comunidades de pocos recursos de todo el país oportunidades únicas de disfrutar y proteger los espacios públicos.

En cuanto a los jóvenes, no solo aparecen en escena, sino que toman una posición activa y de liderazgo. Se están encargando de abordar cuestiones ambientales y políticas y de hacerse escuchar, a través de protestas, campañas de registro de votantes y redes sociales. Casi todas las semanas aparecen grupos nuevos de estudiantes de todo el país que se unen para abordar cuestiones de cambio climático y justicia social. Activistas adolescentes como Xiuhtezcatl Martinez, director de Earth Guardians y uno de los demandantes en el caso de Our Children’s Trust, están sentando precedentes legales para responsabilizar a los gobiernos por contaminar nuestro aire, nuestra tierra y nuestra agua.

 

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Tenemos que alentar a estos jóvenes e incluirlos en nuestras “conversaciones de adultos” sobre diversificación y protección del medioambiente. El Centro Crissy Field, un centro comunitario en el Área de Recreación Nacional de Golden Gate, hace exactamente lo mismo al reclutar internos de escuelas secundarias y universidades. Los candidatos, en su mayoría personas de color, tienen la oportunidad de trabajar y jugar en la segunda unidad más visitada del país del Servicio de Parques Nacionales. Las pasantías y los puestos de trabajo son indispensables para generar un sentido de la propiedad y responsabilidad por la tierra.

El avance es gradual pero la transformación ha comenzado. Gran parte del cambio fue impulsada por el Servicio de Parques Nacionales, que está generando que los espacios sean más accesibles y seguros para todos. La información está llegando a líderes de comunidades marginales y eso genera un aumento de las visitas de jóvenes a través del programa Every Kid in a Park (cada niño en un parque). Y parece estar dando resultado. Las últimas veces que estuve en Yosemite, algunas de las primeras caras que vi eran de personas de color. Fue una imagen gratificante.

El movimiento se ha insertado en la industria de los deportes al aire libre también. REI, por ejemplo, ha redoblado sus esfuerzos para mostrar una audiencia más representativa, principalmente en su sitio web y en los inicios de sus redes sociales. Ediciones como Outside les han dedicado artículos, tapas de revista y podcasts a estos héroes de la diversidad.

La gente me pregunta por qué en una conversación paso de hablar de la vida al aire libre a hablar de raza. Un ensayo sobre naturaleza, ¿no debería ser solo eso? La respuesta es simple. Existen fronteras para las comunidades de color, fronteras que buscamos eliminar lo antes posible. Es difícil convencer a alguien de que pertenece a un lugar que históricamente lo excluyó. Por eso hablo de equidad, diversidad e inclusión con esta vehemencia y consistencia; la idea no es dividir al país más de lo que ya está, sino acortar una brecha que existe hace demasiado tiempo.

Tengo la esperanza de que algún día ya no necesitemos de este movimiento a favor de la diversidad. Pero hasta que eso suceda, trabajemos juntos por la inclusión y el empoderamiento de la próxima generación de ambientalistas. Hagámoslo para que nuestros hijos e hijas puedan conectarse con su tierra, conocer su propósito y redefinir sus propios “espacios salvajes”.

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Hacia rutas salvajes

Estos seis programas reflejan algunas de las tantas oportunidades que Audubon ofrece para que los niños se vinculen con la naturaleza, desde pasantías pagas hasta campamentos de verano. Para conocer cuáles son las actividades que se ofrecen en su región, contáctese con uno de los grupos locales de Audubon.

Programa WildLife Guards
Audubon Connecticut 

WildLife Guards sirve para educar a los turistas que van a la playa sobre cómo evitar molestar a las aves playeras que nidifican en el lugar. Con base en el estrecho de Long Island, este programa pago de verano les brinda a los estudiantes de secundaria una experiencia participativa para proteger a los chorlitos y a sus crías. Los coordinadores comparten información y proponen actividades que favorecen su desarrollo como juntar basura, respetar los límites designados y poner correa a sus mascotas. Más información aquí.

Programa Wild Indigo Nature Exploration
Audubon Grandes Lagos

En una superficie total de 70,000 acres (unas 28,000 hectáreas), la red de preservación forestal de Chicago es una de las más grandes del país, pero atrae solo a una parte de la población diversa de la ciudad. El programa Wild Indigo quiere cambiar eso. A través de docenas de eventos, desde caminatas de avistaje hasta plantación de especies autóctonas, el programa logra que niños de pocos recursos se acerquen a la naturaleza alejándose unos pocos metros de sus casas. Más información aquí.

Líderes jóvenes de Audubon
Centro y santuario de Audubon en Richardson Bay

No todos se entusiasman tanto con las aves al principio. Pero cuando terminan esta pasantía de nueve meses, en la que los adolescentes acampan, plantan árboles y trabajan en un vivero de plantas autóctonas, estos jóvenes de pocos recursos del condado de Marin, California, comienzan a valorar el medioambiente y adquieren las habilidades necesarias para seguir carreras en relación a la conservación, algo que varios han hecho. Más información aquí.

Avistaje de aves 101
Tropical Audubon Society

Consejo: Examinar perdigones de búhos es una gran idea para interesar a los más chicos en las aves. Así comienza este programa escolar de seis semanas en Miami, diseñado para inspirar a una nueva generación de aficionados a las aves. Como lección final, los estudiantes ponen a prueba sus conocimientos intentando identificar especies en el Centro Natural Steinberg. Contacte a su división local para obtener más información.

Programa Green Leaders
Audubon Maryland-D.C.

Cuando la campana suena a las 3 de la tarde, comienza el activismo ambiental. O al menos así lo hacen en el programa Green Leaders de Baltimore. En este programa extraescolar, los alumnos de la escuela secundaria aprenden sobre defensa y compromiso públicos como herramientas para combatir el cambio climático. Y luego lo ponen en práctica, organizando eventos locales y hablando en mitines locales. Más información aquí.

Campamento de verano New Roots
Golden Eagle Audubon Society

Las tierras públicas están a pasos de Boise... pero para la comunidad refugiada local, parecen kilómetros. Por eso la división local de Audubon más grande de Idaho comenzó a organizar un campamento gratuito donde los jóvenes inmigrantes pasan dos semanas a la par de científicos, visitando reservas y parques, y participando de iniciativas ambientales. Más información aquí—Benji Jones

Esta historia se publicó originalmente en la edición de verano de 2018 de Audubon como Public Lands for One and All(Tierras públicas para todos). Para recibir el ejemplar impreso de la revista, hágase miembro realizando una donación hoy mismo.

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