En el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Santa Ana, los senderos serpentean bajo árboles cubiertos de musgo barbas de palo, más allá de los humedales subtropicales y a través del hábitat desértico de Chihuahua. Si los visitantes tienen suerte, podrían divisar un ocelote o incluso un yaguarundí. Foto: Jess Merrill/Alamy

Conservación

La construcción del muro fronterizo propuesto sería «devastadora» para el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Santa Ana

Ubicado en el Valle del Río Grande, Texas, el refugio ofrece diversos hábitats que son el hogar de una impactante diversidad de aves y otra vida silvestre. Cada vez más evidencias sugieren que el muro lo atravesaría todo.

En imágenes satelitales, el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Santa Ana sobresale como un parche verde de vegetación entre cuadrados nítidos de campos cultivados, carreteras y edificios del populoso Valle de Río Grande al sur de Texas. En el refugio crecen más de 450 especies de plantas, y la exuberante vegetación y varios humedales pequeños ofrecen un oasis a las especies aviares residentes, como las charas verdes, las chachalacas, el martín pescador verde y el luis bien te veo, así como algunas especialidades mexicanas que se desvían hacia el norte. Durante la primavera y el otoño, la zona funciona como hábitat importante de migrantes a lo largo de las rutas migratorias Central y del Misisipi. Aquí se han visto más de cuatrocientas especies, lo que convierte al refugio en uno de los mejores destinos de avistaje de aves del mundo. Como tal, Santa Ana y una cadena de zonas protegidas cercanas, que las comunidades locales reunieron como parte de una pujante industria de turismo ecológico, a lo largo del Río Grande, genera $463 millones cada año. 

Pero lo que hace que el refugio sea tan especial para las aves, la vida silvestre y el turismo también podría ser su ruina. Situado en la frontera México-EE. UU., el refugio se ha encontrado en la mira de los planes de la administración Trump para construir su polémico muro fronterizo, punto focal de la plataforma presidencial de Trump que sigue siendo una iniciativa clave.

El 14 de julio el Texas Observer informó que se observaron cuadrillas investigando el terreno para construir el muro en Santa Ana. La noticia sorprendió a los lugareños con la guardia baja, así como el dato anónimo enviado al Texas Observer de que el contratista privado ha estado trabajando en el refugio durante al menos seis meses, aparentemente para ocultar sus actividades a propósito. Cuando la periodista fue al refugio en persona, un guardia de seguridad le pidió que se retirara.

Esa no fue la única prueba de los planes secretos del muro que se revelaron el mes pasado. Casi al mismo tiempo que el descubrimiento en Santa Ana, el propietario del National Butterfly Center (Centro Nacional de Mariposas) descubrió estacas de medición en propiedad privada, y luego, trabajadores empezaron a despejar el terreno para las carreteras propuestas en la instrucción de la patrulla fronteriza. Ambos desarrollos han catalizado a la comunidad conservacionista del área y del exterior. El centro de las mariposas abrió una página de donación para recaudar fondos para formar un equipo legal, y, como muestra de fuerza, los defensores de Santa Ana, incluido Travis Audubon, se reunieron el sábado pasado para una caminata de protesta por el dique del refugio, donde se tomaron muestras de suelo y es probable que se construya el muro.

Poco más se sabe sobre lo que tiene en mente el gobierno para el refugio, pero Carlos A. Díaz, el jefe del área Frontera Sur de la Aduana y Protección Fronteriza de EE. UU. (Customs and Border Protection, CBP) confirmó que se realizó un muestreo del suelo en el refugio y que informará las decisiones futuras sobre la construcción del muro. Sin embargo, hay motivos para sospechar que quizás esas decisiones ya se han tomado.

Turpial campero en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Santa Ana, Texas. Foto: Bates Littlehales/National Geographic Creative

El hecho de que el gobierno federal sea propietario del refugio y que no necesite ningún permiso para construir en el terreno, hace del área el candidato principal para una de las primeras secciones del muro fronterizo del presidente Trump. Autorizadas por la Ley de Vallas Seguras de 2006 (Secure Fence Act of 2006) de George W. Bush, todavía hay que resolver alrededor cien peticiones de condena presentadas contra los propietarios de tierras privadas para la construcción del muro fronterizo en 2007. Pero es muy atractivo evitar esos obstáculos legales.

Como parte de la etapa de construcción de 2007, ya se erigieron unas 650 millas de barrera a lo largo de la frontera México-EE. UU., incluidas 70 millas en el Valle, que atraviesan la Reserva Más Austral de Conservación de la Naturaleza, partes de las Zonas de Gestión de la Vida Silvestre de varios estados, porciones del Refugio del Valle del Río Grande inferior, del Refugio Nacional de Vida Silvestre Laguna Atascosa, y del Santuario Sabal Palm de Audubon.

«El Santuario completo terminó tras el muro», afirma Iliana Peña, directora de conservación de Audubon Texas. La propiedad sigue accesible a través de una abertura en la carretera de entrada, pero la idea de caminar por el lugar “equivocado” de una barrera de veinte pies preocupó a mucha gente», agrega.

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La mayoría de las aves puede sobrevolar los muros, por supuesto, pero la infraestructura de la frontera altera su modo de vida natural y fragmenta su hábitat aún más.

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La mayoría de las aves puede sobrevolar los muros, por supuesto, pero la infraestructura de la frontera altera su modo de vida natural y fragmenta su hábitat aún más, en una zona donde queda menos del tres por ciento. «La huella es mucho más grande que el muro», sostiene Ken Merritt, gerente jubilado del Refugio de South Texas. «Por la construcción hay efectos temporales y permanentes». Los segmentos del muro existentes tienen carreteras a lo largo de su extensión, terreno despejado a ambos lados, cámaras de seguridad y torres de luz. Incluso las aves que pueden sobrevolar la estructura física no pueden evitar esa exposición. Según un informe de 2008 de la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas, «Los efectos directos de la construcción y el mantenimiento del muro fronterizo serán significativos y perjudiciales para los esfuerzos de conservación pasados, presentes y futuros».

Independientemente de ello, el gobierno sigue avanzando. La Ley de Vallas Seguras sigue vigente, y el 27 de julio la Cámara de Representantes aprobó un presupuesto de $1.6 mil millones a la administración Trump para que el muro fronterizo sea parte de una medida de gastos de defensa. El Republicano John Cornyn de Texas y otros tres senadores de los EE. UU. presentaron un proyecto de ley el 3 de agosto, el cual autoriza aproximadamente $15,000 millones para cuatro años de medidas de seguridad y fortalecimiento de la frontera, incluidas las barreras.

En lo que respecta al destino de Santa Ana, Díaz hizo una declaración por correo electrónico que, en parte, dice: «En la actualidad estamos en proceso de investigación y planificación para la construcción del nuevo muro, por lo que es prematuro hablar sobre ubicaciones específicas. En este punto los únicos proyectos específicos en los que vamos a trabajar son las 35 puertas en el Valle de Río Grande, como autoriza el Presupuesto para el ejercicio fiscal 17 aprobado».

Enfatizó que los informes sobre ubicaciones o fechas de construcción específicas «en este punto serían muy imprecisos». Empero, las obras de preparación de meses en el refugio harían parecer que está en una lista corta.

Chachalaca vetula en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Santa Ana, Texas. Foto: Age Fotostock/Alamy

Además del muro en sí, los lugareños tienen otra preocupación sobre el manejo de las decisiones y la construcción del muro. La Ley de Vallas Seguras también autorizó al Secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a revocar leyes y normativas. El entonces Secretario Michael Chertoff utilizó esta facultad en 2007 para eliminar el requisito de que los organismos examinen los posibles efectos ambientales del muro antes de que se construya. La gente aquí tiene miedo de que se repita la revocación, especialmente después de que el exsecretario del DHS John F. Kelly hace poco emitió una en San Diego, donde la administración propuso construir 20 prototipos de muro fronterizo y 14 millas de vallado fronterizo entre el océano Pacífico y Otay Mesa. 

Díaz dijo que la CBP en este momento no tiene información sobre la posibilidad de futuras revocaciones y, cuando se solicitó, los empleados del refugio dirigieron sus consultas a la oficina de asuntos externos del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los EE. UU. La oficina emitió una declaración escrita al efecto de que la CBP ha incluido al Departamento del Interior, del que forma parte el Servicio de Pesca y Vida Silvestre, en los debates iniciales referidos a la implementación de la orden ejecutiva de enero del presidente, que requería la construcción del muro. Esa orden usa en reiteradas ocasiones el término «inmediatamente» y frases tales como «necesario y pertinente», de modo que tales debates incluyen una posible revocación.

El muro en Santa Ana probablemente seguiría el dique contra inundaciones existente en el lado norte, lo que dejaría la mayor parte del refugio detrás de la estructura, como ocurrió en Sabal Palm. Por ese motivo, la preocupación por la percepción y la seguridad de los visitantes urgió a Audubon a arrendarle la propiedad a una organización sin fines de lucro, Gorgas Science Foundation.

«Hay un estigma en la idea del muro y es difícil manejarlo desde la perspectiva del visitante», explica Peña. En cuanto a esas 35 puertas que mencionó Díaz, Sabal Palm tendrá una de ellas. Aunque los gerentes juran que la propiedad permanecerá abierta a los visitantes, la puerta instalada hace unos años en el cercano Centro de Avistaje de Aves Hidalgo Pumphouse World, por lo general está bajo llave.

Además de a los visitantes y las aves, el muro también afecta la vida silvestre terrestre. Un estudio de 2011 reveló que la barrera fronteriza existente reduce el hábitat de algunas especies hasta en un 75 %, y remarcó que un hábitat de poco tamaño se asocia con un riesgo de extinción mayor. Las especies afectadas en el Valle del Río Grande incluyen a los amenazados murciélagos leonados, las tortugas de Texas y los ocelotes en peligro de extinción. La extraña posición de las palmas de guano de la zona depende de animales como los coyotes para propagar sus semillas. La valla del muro lo dificultaría aún más.

«Desde el punto de vista del ecosistema, es devastador», concluye Peña. «El sistema del refugio en el Valle del Río Grande es una obra de conservación legada y Audubon fue parte de ello. Es difícil ver tan completo desprecio por esa obra».   

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¿Tiene alguna relación con el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Santa Ana? Únase a la protesta de la American Birding Association (Asociación Estadounidense de avistaje de Aves) contra la posible construcción de un muro. Comparta su historia en las redes sociales con el hashtag #MySantaAna.  

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