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Cholao, un patiamarillo chico (Tringa flavipes) se está convirtiendo en un personaje bien conocido entre los seguidores de las redes sociales de Audubon. Su viaje migratorio, que avanza hoy entre el Valle del Cauca, al suroccidente de Colombia, y los bosques boreales de Canadá, es monitoreado con un GPS que cuenta por donde anda, su desplazamiento, su cruce épico sobre el Golfo de México hasta tocar tierra en Luisiana y cómo avanza hacia los bosques boreales de Canadá.
Jorge Velásquez, director científico de Audubon para América Latina y el Caribe, es tal vez quien más sabe de la vida y viajes de Cholao -que no es uno solo, sino varios- pues lleva varios años acompañando no solo a este individuo, sino los vuelos de otras 34 “tringas”, como se les llama informalmente.
¿Cuándo empezó este seguimiento a estas aves migratorias? ¿Y por qué el patiamarillo chico y no otra especie?
Empezamos con el seguimiento de los movimientos de las Tringas flavipes en el Valle del Cauca, Colombia, en abril de 2022. Y el interés en esta especie se debe a que es una de las playeras que más ha tenido disminuciones en sus poblaciones; además, porque es una especie asociada con uno de los cultivos emblemáticos -la caña de azúcar- en una de las áreas donde más estamos trabajando, como es el Valle del Cauca.
Allí estamos tratando de fomentar una mayor sostenibilidad de ese cultivo a partir de la rotación con arroz. Y en ese proceso vimos que esta era una especie que los usaba con una cierta frecuencia. De allí surgió la inquietud de conocer más si estas poblaciones estaban ahí durante todo el invierno, sus densidades y, sobre todo, de que de dónde venían, qué retos enfrentaban durante su viaje desde las zonas de anidación hasta el Valle del Cauca.
¿Han utilizado la misma tecnología de monitoreo o ha cambiado algo en estos años?
¡Ha cambiado! Empezamos con torres Motus y es importante decir que en el Valle del Cauca no había estación alguna. Hacer seguimiento de los movimientos de estas tringas no fue solamente una cuestión de ponerles radiotransmisores, sino establecer también la infraestructura en el Valle del Cauca para poderles hacer el monitoreo. De hecho, de las 10 primeras tringas que capturamos, en un ejercicio que hicimos con Selva, una organización de conservación colombiana, nunca supimos en qué momento salieron del país, porque cuando las marcamos no teníamos ninguna estación Motus en el Valle del Cauca.
Motus ha sido la tecnología en la que más tiempo y recursos hemos invertido para hacer seguimiento a las tringas. Pero esa tecnología tiene una gran limitación y es que solamente funcionan las que tienen cobertura de la de la red, que es muy buena en Estados Unidos, en ciertos países de del norte de Suramérica, como Colombia, y en Centroamérica. Pero una vez las aves cruzan la frontera con Canadá, sobre todo en lo en la parte central del continente, la cobertura de Motus es muy pobre.
¿Es decir, no se sabe qué pasa con ellas?
En estos todos estos años de seguimiento de las aves que hemos marcado -unas 30- cuando pasan Dakota del Norte no sabemos a dónde van. Por eso, desde el año pasado empezamos a utilizar emisores satelitales, que nos dan una mejor idea de los movimientos locales. Ahora estamos a la expectativa de que Cholao y sus pares nos puedan indicar finalmente dónde están anidando.
¿Hay una ruta rutinaria para estas aves tanto cuando vuelan al norte, como cuando bajan al Valle del Cauca? ¿Se desvían o toman rutas diferentes? ¿Son predecibles los patiamarillos chicos?
Yo creo que sí hay algo de patrones en las en las rutas. Hemos marcado alrededor de treinta trincas con radiotransmisores que son detectados por la red Motus. Y a cinco más les hemos puesto transmisores satelitales. Lo que hemos visto, en general, es que durante la migración que ocurre en la primavera, en los meses de abril y mayo, las aves parecieran estar en una carrera para llegar a sus áreas de anidación en la región boreal de Norteamérica. Entonces, en ese recorrido usan la ruta más eficiente posible, el corredor migratorio de América Central o Midcontinent Flyway, que es casi que una línea recta por todos los Estados centrales de los Estados Unidos. Pero una vez cruzan la frontera norte de EE.UU. no sabemos qué pasa, si siguen en línea recta o si algunos, pues viajan a Alaska, porque también hace parte de sus zonas de anidación.
En la migración del otoño hay más variabilidad: algunas que se van por los estados centrales y van haciendo paradas, probablemente reuniendo alimento y energía. Otras toman como unos desvíos interesantes: hemos tenido tringas que entran por Minnesota y Dakota del Norte en los EE.UU. Y otras se van hasta Nueva York y bajan por la costa oriental de ese país, y también hay tringas que bajan justo por el miedo del país y terminan en Kentucky, Tenessee, Carolina del Sur y salen por la Florida. Una más, bajan por la misma ruta que hemos detectado que usan durante la migración de la primavera. Es muy variable.
¿Puede ser por temas de viajes en grupo? ¿Bajan en familia?
No soy un experto y no sé si se ha establecido si viajan en grupos familiares o no, pero me parecería interesante saberlo. Lo que sí sabemos es que tanto en el recorrido de la migración de la primavera como en la del otoño, antes de dar esos grandes saltos, hay unos períodos en los que ellos tratan de acumular la mayor cantidad de energía con una alimentación un poco frenética, tanto antes como después.
Eso es lo que estamos viendo con Cholao, que está marcado con GPS: hizo prácticamente un recorrido de dos días y medio ininterrumpido entre Cali y la costa de Luisiana. Apenas llegó a Luisiana estuvo como una semana en un lugar, imagino que reponiéndose del viaje, alimentándose, recuperando la energía. Actualmente está en Iowa, en un gran pantano que posiblemente tiene montones de alimento en esta época del año.
¿El cambio climático puede estar influyendo en los tiempos y rutas?
Tal vez lo que llaman “falsas primaveras”. Llega marzo o abril y hay un aumento en las temperaturas y seguramente muchos pajaritos las perciben como la llegada plena de la primavera, señal del inicio del ciclo de reproducción y otras actividades asociadas a esa estación. Pero no, tras esos días llega una helada, las aves sufren, se pierden nidos y el esfuerzo energético que demanda la reproducción.
La migración supone un gran gasto de energía. Los seguidores de Cholao, en las redes de Audubon, preguntan si los patiamarillos comen por el camino o cómo hacen para soportar el esfuerzo.
Sin ser experto en ecología de la migración, puedo decir que, en términos generales, lo que lo que sucede con la mayoría de las aves migratorias es que en las semanas previas a iniciar una migración se alimentan frenéticamente para aumentar sus reservas de grasa lo máximo posible, de las cuales dependen para realizar el viaje. Hay algunas especies, como las rapaces, que sí pueden parar durante su ruta migratoria y se alimentan ocasionalmente en las áreas por las que pasan. Pero muchas aves migratorias simplemente, pues dependen en de esas reservas de energía acumuladas en las grasas, especialmente si cruzan el océano y no tienen dónde detenerse a comer. Eso sí, una vez aterrizan, conocido como “stopover”, en inglés, vuelven y se alimentan. Y hacen su último salto hasta sus áreas reproductivas.
Yo otro dato de Cholao: ¿a qué velocidad vuelan?
Lo que hemos registrado, por lo menos en su cruce por el océano y dependiendo de temas como viento y clima, promedian 45 a 50 kilómetros por hora.
¿Para qué nos sirven estos datos, en qué se reflejen en la toma de decisiones?
Porque nos permite contar con información para definir después para definir áreas protegidas o para crear campañas a favor de la conservación o simplemente para tenerlo como repositorio de estudio. Para la red Motus es muy importante porque nos permite identificar los sitios de parada de las aves migratorias, lo que algunos llaman “los restaurantes” y “hoteles”, y cuando tenemos treinta, cincuenta, cien individuos marcados vemos que hay unas ciertas áreas más utilizadas, sitios críticos en la ruta de migración de ciertas especies, que a su vez permite ver las amenazas que tienen esos lugares y que organizaciones como la nuestra, dedicadas a la conservación de las aves y sus entornos, puedan gestionar acciones hacerle frente a esa amenaza. Igualmente sirve a escala más local, para lo cual los datos que dan los GPS nos sirven muchísimo, van casi al detalle, hasta el punto de saber qué predios, ríos, cultivos específicos usan las tringas en el Valle del Cauca, y qué hacen allí; la cantidad de información que estamos recibiendo es abrumadora, ¡impresionante!
¿Cómo es el equipo que lleva el ave?
Tanto para los transmisores Motus como para los que usan posicionamiento satelital, el tipo de transmisor es el mismo: una mochilita que va en la espalda del pajarito, donde solo varía un poco la forma y el peso. El transmisor Motus es un poco más plano y liviano, menos de dos gramos; los satelitales pesan dos gramos.
Siempre hay una preocupación de que de pronto puedan incidir en la en la mortalidad de las aves, no tanto porque sean más atractivos como como presas, sino porque el arnés pueda limitar la movilidad, si no es puesto correctamente. Por eso solo personal hace la instalación. Lo otro es que la migración tiene un costo energético y esos dos gramos pueden hacer una gran diferencia. En la mayoría de las especies a las que se les estudia la migración, se trata de mantener los transmisores por debajo del tres por ciento del peso corporal del individuo.
Hasta hace unos años era imposible pensar en ponerle transmisores satelitales a un ave como Cholao, a una tringa pues todos eran demasiado grandes.
¿Y los transmisores qué vida tienen? ¿Cómo funcionan?
Ambos tipos de transmisores, los de GPS y Motus utilizan luz solar para producir energía. En el caso de los de los Motus, tienen una como una batería que se recarga con la luz del sol, eventualmente eternos, al igual que los satelitales. Sin embargo, lo máximo que hemos logrado seguir a un mismo individuo es dos años. Se cree que esto sucede por desgaste del arnés, que es de nylon y se cae.
Con los datos recogidos hasta ahora, ¿qué lo ha sorpendido?
Yo estaba esperando que hubiera una asociación más fuerte de las tringas con hábitats naturales. Es lo que uno se imagina, que van a humedales naturales o, en el Valle del Cauca, habría concentración en la laguna de Sonso o el río Cauca. ¡Pero no! La asociación de las patiamarillas chicas con cultivos de arroz es increíble y prácticamente de donde haya un cultivo de arroz ahí están o van a llegar. Eso quiere decir que vamos por buen camino y debemos concentrarnos en la implementación de prácticas que sean amigables con las aves en el Valle del Cauca, donde estos cultivos de arroz son una pieza clave del rompecabezas migratorio.