El Perico Nocturno, uno de únicos dos pericos de hábitos nocturnos del mundo, ha resistido en esta región remota y desolada del interior de Queensland.

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Un naturalista con un pasado accidentado redescubrió un perico perdido desde hace tiempo . . . y las cosas se pusieron interesantes

Cuando John Young, el “detective de vida silvestre” de Australia, comprobó que el Perico Nocturno no se había extinguido, les dio una nueva oportunidad tanto al hombre como a las aves.

Hace un tiempo atrás, en el outback australiano, un hombre que se hizo conocido como cazador de “roos”, es decir alguien que mata canguros para conseguir su carne, llegó a la ciudad de Winton con un cadáver sin cabeza. La criatura no era, como esperaríamos, un canguro. Era una ave muerta.

Robert “Shorty” Cupitt encontró esta bola machacada de plumas el 17 de septiembre de 2006, mientras conducía junto a una cerca del Parque Nacional Diamantina al oeste de Queensland. El ave, aparentemente, se había enredado con el alambre de púas. La cargó en la parte trasera de su camión, donde se asó al sol hasta que llegaron a la casa de Paul Neilsen. Neilsen es el dueño de Tattersall Hotel, una taberna ruidosa llena de curiosidades, incluidas una caja llena de ópalos, un terrario de fósiles y un póster con las serpientes y las arañas más letales de Australia.

“¿Era esto lo que estábamos buscando?”, preguntó Cupitt, colocando el espécimen sobre la mesa de la cocina. Neilsen abrió los ojos como platos. El perico, de aspecto rechoncho, parecía una cotorra que había olido el desayuno de un leñador. Las plumas de sus alas eran color gris oscuro con toques de amarillo y verde en sus bordes. La cola tenía franjas como las de un abejorro. La cabeza... bueno, no había cabeza. Pero no importó. “Dios mío, ¡sí!”, dijo Neilsen. Ahí estaba: un Perico Nocturno, y uno joven.

Neilsen miraba fijo a un fantasma, una ave que el mundo había tachado de extinta. El hecho de que tuviera menos de un año significaba que había otras ahí afuera y que se estaban reproduciendo. La última vez que alguien encontró un Perico Nocturno vivo, Australia todavía estaba bajo dominio británico y el principal medio de transporte en el outback era el dromedario. Eso sucedió en 1912.

Hubo avistajes desde ese entonces, pistas atractivas que lograron que hombres cuerdos emprendieran odiseas absurdas. En 1979, un guía de avistaje de aves dijo que vio cuatro, pero no pudo sacarles una foto. Once años después, un ornitólogo recuperó un cadáver al borde de la carretera. Después de eso, nada. El Perico Nocturno se transformó en el Carpintero Real de Australia y Nueva Zelanda. “Cada joven ornitólogo ha pasado sus vacaciones buscando esa ave durante cientos de años”, dice Penny Olsen, una ecologista que publicó el libro Night Parrot: Australia’s Most Elusive Bird (El Perico Nocturno: el ave más esquiva de Australia) en septiembre pasado.

Neilsen imaginó rellenar al ave decapitada y exhibirla. Cupitt, que cambió su rifle de caza por un puesto de guarda forestal en Queensland Parks, dice que él notificó de forma inmediata a sus superiores. Pero la aplastante verdad es que en lugar de entregar el ave a las autoridades, Neilsen la guardó en un congelador mientras se contactaba con el único hombre en el que podía confiar: John Young, también conocido como el “detective de vida silvestre”. “Es uno de los mejores ornitólogos de Australia”, me dijo Neilsen. “Solo que no tiene el título”.

El congelador en que residió, en forma temporal, el Perico Nocturno sin cabeza.

Young en ese momento tenía cincuenta y largos, era una versión caricaturizada de un naturalista con un sombrero de ala ancha flojo, enormes patillas blancas y expresiones faciales exageradas. Young, un bandido recolector de huevos de joven, tenía tal talento para encontrar especies que otros creían desaparecidas que el mismísimo David Attenborough buscó sus servicios para filmar documentales, y transmitió un segmento con él en La vida de las aves. Young también encabezó iniciativas de conservación, asistió en proyectos de investigación, apareció en los medios y tuvo su propio ciclo de cine.

Sin embargo, cuando Neilsen lo contactó, Young estaba en un lugar oscuro. Hacía tiempo lo azotaban acusaciones de que era un mentiroso y un embustero. Luego, en noviembre de 2006, Greg Roberts, periodista y avistador de aves experto, sugirió en un artículo del periódico australiano que Young había manipulado fotos para apoyar su causa del descubrimiento de una nueva especie. La esposa de Young lo dejó. Cuando Neilsen lo llamó, cargó sus cosas a la Land Cruiser y condujo hasta Winton, con el único objetivo de buscar al Perico Nocturno.

Le llevó seis años de investigación, 200,000 millas de conducción, tramos largos sin un baño y encuentros cercanos con serpientes venenosas. En julio de 2013, Young regresó a la civilización y presentó frente a una audiencia anonadada en el Museo de Queensland en Brisbane un video de un Perico Nocturno saltando por el terreno. El editor de Birdlife Australia dijo que el redescubrimiento “equivale a encontrar a Elvis cocinando hamburguesas en un restaurante al lado de la carretera en el outback”.

El redescubrimiento prometía un buen comienzo para el Perico Nocturno y, muy seguramente, para John Young. Después de todo, era la única persona del mundo de las aves que sabía dónde encontrarlo. Por el momento, al menos, el destino de las especies estaba por completo en sus manos.

Young conectó con las aves de niño, mientras crecía en una granja de ovejas y vacas al norte de New South Wales. Su padre tenía una edición de 1957 de ¿Qué ave es esa? de Neville Cayley, una de las primeras guías de campo ilustradas del país, y a los cinco años comenzó a buscar huevos con uno de sus dos hermanos. La recolección de huevos no era un pasatiempo poco común para los niños australianos, pero Young lo llevó a otro nivel. Conoció al recolector de huevos más reconocido del país, Mervyn Goddard, quien le enseñó la técnica aborigen para trepar árboles tallando escalones con un tomahawk. En su adolescencia, Young preparaba especímenes con esmero, utilizando un taladro de dentista para remover embriones a través de un fino agujero.

Si bien Young considera que la recolección de huevos es un pasatiempo indefenso para todas las especies que no se encuentran en peligro de extinción, las leyes de protección a la biodiversidad lo prohibieron a fines de los años 70. Dice que dejó de hacerlo a los veinte y algo, un año después de que dichas restricciones entraran en vigencia pero es esquivo cuando se le pregunta sobre los detalles de su colección, cuya ubicación jura desconocer. Lo persigue la historia de Goddard estallando unos 3,000 huevos antes de que las autoridades vayan a cuestionarlo, pero no quiere que su propia colección (que en un momento representó a más de 600 especies) sufra el mismo destino.

Entre sus 20 y sus 30 años, Young trabajó en forma ocasional como electricista, conductor de camiones y constructor de cercas. En su tiempo libre, se transformó en una leyenda nocturna, famoso por saber ubicar los nidos difíciles que arman las Lechuzas Moteadas en los agujeros de los árboles. Se sentía igual de cómodo entre las copas de los árboles que sobre la tierra. Durante un viaje a Cabo York en busca del nido del Loro Ecléctico, trastabilló y cayó en picada más de 100 pies desde la copa de una higuera. De alguna forma, salió ileso. “Le pegué a todas las ramas y eso ralentizó la caída”, cuenta. Jim Frazier, ex cinematógrafo de vida silvestre con base en New South Wales, logró que al poco tiempo Young apareciera en las películas de David Attenborough. “Es uno de los mejores del mundo en lo que hace”, dice Frazier.

Young mostrando su foto de un puñado de huevos de Torillos de Robinson junto a pastizal similar en Brooklyn Sanctuary de Australian Wildlife Conservancy.

A pesar de su creciente perfil, Young vivía, según dice, “pegado a mí”. A comienzos de los años 90, con el apoyo de un anestesiólogo adinerado llamado Tom Biggs y su esposa, lanzó John Young Wildlife Enterprises. La empresa hizo poco y nada durante años, apoyando las expediciones descabelladas de Young para documentar especies desconocidas a través de recorridos dinámicos de avistaje de aves y la producción de películas.

Young se interesó por la conservación de forma natural. Cerca de su hogar en la costa de Queensland, le sorprendió encontrar Nínox Rojizos y Lechuzas Australianas con los ojos ensangrentados. Después de que una necropsia a una Lechuza Patilarga arrojara rastros de brodifacum, el ingrediente activo de los venenos para ratas utilizado en plantaciones de azúcar, Young presionó al fabricante para retirarlo del mercado y lo logró. Más tarde, lideró el proyecto de Humedales TYTO ––uno de los mayores proyectos urbanos de restauración de humedales de Australia–– con la intención de preservar a las Lechuzas Patilargas y a los Diamantes Escarlata. Se puede encontrar una gigantografía de él en la entrada al centro de visitas.

Con el paso del tiempo, Young se ganó su reputación como showman. Olsen, en su libro de 2007 Glimpses of Paradise (Imágenes del paraíso), escribió que Young a menudo “decía que había hecho un descubrimiento increíble pero mantenía todo en secreto, lo cual dividía a la comunidad de aves y finalmente no llegaba a nada”. Cita una carta en la que él alardea de haber recolectado 31 huevos de Pericos del Paraíso, aves de aspecto llamativo que no se habían visto desde 1930. Young niega haberlo hecho pero dice que vio agujeros en montículos de termitas y cree que solo pueden haberlos hecho Pericos del Paraíso. “No sabía que era un crimen entusiasmarse por un descubrimiento e inflar algo un poco”, dice sobre su tendencia a la exageración.

En 2006, mientras trabajaba con funcionarios de vida silvestre para encontrar nidos de Picocerdas Orientales, casi extintos, Young tomó fotos de un lorito de higuera en la copa de un árbol tropical al sur de Queensland. El único lorito de higuera que se describe en el área, el Lorito Dobleojo, no se había avistado en más de 30 años. Young sostuvo que sus fotos representaban una especie completamente nueva, más grande que los Loritos Dobleojo y con la frente color azul. Biggs vio la oportunidad de marketing y organizó con diligencia una conferencia de prensa. “Fue gracias a mi destreza para escalar y conocimiento sobre comportamiento de aves que lo encontré”, declaró Young al periódico The Courier-Mail de Brisbane. El Ministro de Medioambiente de Queensland felicitó a Young y dijo que su agencia colaboraría para documentar al ahora llamado Lorito de Frente Azul.

Durante los días siguientes, Roberts, el periodista, compartió la foto de Young con un experto forense, y este último sugirió que había sido retocada para cambiar la frente del ave de roja a azul. Para saber a ciencia cierta, el experto necesitaba examinar las fotografías originales. “Tarde piaste”, dijo Young. Las había borrado. A 12 años de aquel anuncio, no se encontraron nuevas pruebas. Young solo admitió haber iluminado u oscurecido ciertas partes de la imagen. Aunque defiende su descubrimiento, sostiene que sería mejor concentrarse en encontrar Pericos Nocturnos. “Fue el mayor desafío de mi vida”, dice.

Mapa de Mike Regan

El interior de Queensland no es un lugar fácil para sobrevivir. Durante la mayor parte del año, hace muchísimo calor y está lleno de spinifex, un alfiletero que se hace pasar por vegetación. Luego, durante algunas semanas ––si el año es bueno–– el cielo se abre, el agua corre por los lechos de arroyos secos y aquel outback descolorido se vuelve verde.

La vida silvestre local se encuentra sobre el filo de la navaja y depende de cuántos milímetros de lluvia caen. Los colonos blancos destruyeron el equilibrio cuando trajeron vacas y gatos a comienzos del siglo XIX. Vieron el lugar en su mejor etapa productiva y trajeron ganado en cantidades muy superiores a las que el ecosistema podía soportar. Marsupiales que en otra época abundaban, incluidos el bilbi menor y el bandicut de pies de cerdo, se creyeron extintos en los años 60. Aves como el Torillo Australiano y el Alcaraván Colilargo prácticamente desaparecieron del interior. Otras especies, como el Perico Nocturno, comenzaron a disminuir de forma lenta, una tendencia que continúa hasta la actualidad.

Cuando el explorador Charles Sturt rescató un Perico Nocturno de entre los pastizales de spinifex en 1845, durante una expedición desafortunada para encontrar un mar interno, creyó que era un Perico Terrestre de los que veía en la costa. “Voló perpleja como un ave arrastrada al mar durante un vendaval”, escribió Sturt. No se dio cuenta de que, a diferencia de la variante costera, esta ave había adoptado un estilo de vida nocturno, ideal para evitar a sus depredadores. (El Perico Nocturno y el Kakapo de Nueva Zelanda son los únicos pericos de hábitos nocturnos).

Hacia fines del siglo XX, quedaban pocos Pericos Nocturnos. En 1922, el coleccionista Lawson Whitlock buscó al ave elusiva en el interior y solo encontró sus marcas sobre la tierra. En los años 80 y 90, el gobierno de Australia Occidental distribuyó panfletos a moteles a los lados de las carreteras pidiendo información sobre cualquier avistaje, pero nada sucedió. El dueño de Australian Geographic ofreció 38,500 dólares a quien pudiera proporcionar evidencia sobre la existencia de la especie, recompensa que pagó en 1991 a raíz de un perico muerto que recogieron del lado de una carretera.

Así fue como Young comenzó a buscar al ave en su tiempo libre. Cuando aparec