El Perico Nocturno, uno de únicos dos pericos de hábitos nocturnos del mundo, ha resistido en esta región remota y desolada del interior de Queensland. Foto: Lachlan Gardiner

Conservación

Un naturalista con un pasado accidentado redescubrió un perico perdido desde hace tiempo . . . y las cosas se pusieron interesantes

Cuando John Young, el “detective de vida silvestre” de Australia, comprobó que el Perico Nocturno no se había extinguido, les dio una nueva oportunidad tanto al hombre como a las aves.

Hace un tiempo atrás, en el outback australiano, un hombre que se hizo conocido como cazador de “roos”, es decir alguien que mata canguros para conseguir su carne, llegó a la ciudad de Winton con un cadáver sin cabeza. La criatura no era, como esperaríamos, un canguro. Era una ave muerta.

Robert “Shorty” Cupitt encontró esta bola machacada de plumas el 17 de septiembre de 2006, mientras conducía junto a una cerca del Parque Nacional Diamantina al oeste de Queensland. El ave, aparentemente, se había enredado con el alambre de púas. La cargó en la parte trasera de su camión, donde se asó al sol hasta que llegaron a la casa de Paul Neilsen. Neilsen es el dueño de Tattersall Hotel, una taberna ruidosa llena de curiosidades, incluidas una caja llena de ópalos, un terrario de fósiles y un póster con las serpientes y las arañas más letales de Australia.

“¿Era esto lo que estábamos buscando?”, preguntó Cupitt, colocando el espécimen sobre la mesa de la cocina. Neilsen abrió los ojos como platos. El perico, de aspecto rechoncho, parecía una cotorra que había olido el desayuno de un leñador. Las plumas de sus alas eran color gris oscuro con toques de amarillo y verde en sus bordes. La cola tenía franjas como las de un abejorro. La cabeza... bueno, no había cabeza. Pero no importó. “Dios mío, ¡sí!”, dijo Neilsen. Ahí estaba: un Perico Nocturno, y uno joven.

Neilsen miraba fijo a un fantasma, una ave que el mundo había tachado de extinta. El hecho de que tuviera menos de un año significaba que había otras ahí afuera y que se estaban reproduciendo. La última vez que alguien encontró un Perico Nocturno vivo, Australia todavía estaba bajo dominio británico y el principal medio de transporte en el outback era el dromedario. Eso sucedió en 1912.

Hubo avistajes desde ese entonces, pistas atractivas que lograron que hombres cuerdos emprendieran odiseas absurdas. En 1979, un guía de avistaje de aves dijo que vio cuatro, pero no pudo sacarles una foto. Once años después, un ornitólogo recuperó un cadáver al borde de la carretera. Después de eso, nada. El Perico Nocturno se transformó en el Carpintero Real de Australia y Nueva Zelanda. “Cada joven ornitólogo ha pasado sus vacaciones buscando esa ave durante cientos de años”, dice Penny Olsen, una ecologista que publicó el libro Night Parrot: Australia’s Most Elusive Bird (El Perico Nocturno: el ave más esquiva de Australia) en septiembre pasado.

Neilsen imaginó rellenar al ave decapitada y exhibirla. Cupitt, que cambió su rifle de caza por un puesto de guarda forestal en Queensland Parks, dice que él notificó de forma inmediata a sus superiores. Pero la aplastante verdad es que en lugar de entregar el ave a las autoridades, Neilsen la guardó en un congelador mientras se contactaba con el único hombre en el que podía confiar: John Young, también conocido como el “detective de vida silvestre”. “Es uno de los mejores ornitólogos de Australia”, me dijo Neilsen. “Solo que no tiene el título”.

El congelador en que residió, en forma temporal, el Perico Nocturno sin cabeza. Foto: Lachlan Gardiner

Young en ese momento tenía cincuenta y largos, era una versión caricaturizada de un naturalista con un sombrero de ala ancha flojo, enormes patillas blancas y expresiones faciales exageradas. Young, un bandido recolector de huevos de joven, tenía tal talento para encontrar especies que otros creían desaparecidas que el mismísimo David Attenborough buscó sus servicios para filmar documentales, y transmitió un segmento con él en La vida de las aves. Young también encabezó iniciativas de conservación, asistió en proyectos de investigación, apareció en los medios y tuvo su propio ciclo de cine.

Sin embargo, cuando Neilsen lo contactó, Young estaba en un lugar oscuro. Hacía tiempo lo azotaban acusaciones de que era un mentiroso y un embustero. Luego, en noviembre de 2006, Greg Roberts, periodista y avistador de aves experto, sugirió en un artículo del periódico australiano que Young había manipulado fotos para apoyar su causa del descubrimiento de una nueva especie. La esposa de Young lo dejó. Cuando Neilsen lo llamó, cargó sus cosas a la Land Cruiser y condujo hasta Winton, con el único objetivo de buscar al Perico Nocturno.

Le llevó seis años de investigación, 200,000 millas de conducción, tramos largos sin un baño y encuentros cercanos con serpientes venenosas. En julio de 2013, Young regresó a la civilización y presentó frente a una audiencia anonadada en el Museo de Queensland en Brisbane un video de un Perico Nocturno saltando por el terreno. El editor de Birdlife Australia dijo que el redescubrimiento “equivale a encontrar a Elvis cocinando hamburguesas en un restaurante al lado de la carretera en el outback”.

El redescubrimiento prometía un buen comienzo para el Perico Nocturno y, muy seguramente, para John Young. Después de todo, era la única persona del mundo de las aves que sabía dónde encontrarlo. Por el momento, al menos, el destino de las especies estaba por completo en sus manos.

Young conectó con las aves de niño, mientras crecía en una granja de ovejas y vacas al norte de New South Wales. Su padre tenía una edición de 1957 de ¿Qué ave es esa? de Neville Cayley, una de las primeras guías de campo ilustradas del país, y a los cinco años comenzó a buscar huevos con uno de sus dos hermanos. La recolección de huevos no era un pasatiempo poco común para los niños australianos, pero Young lo llevó a otro nivel. Conoció al recolector de huevos más reconocido del país, Mervyn Goddard, quien le enseñó la técnica aborigen para trepar árboles tallando escalones con un tomahawk. En su adolescencia, Young preparaba especímenes con esmero, utilizando un taladro de dentista para remover embriones a través de un fino agujero.

Si bien Young considera que la recolección de huevos es un pasatiempo indefenso para todas las especies que no se encuentran en peligro de extinción, las leyes de protección a la biodiversidad lo prohibieron a fines de los años 70. Dice que dejó de hacerlo a los veinte y algo, un año después de que dichas restricciones entraran en vigencia pero es esquivo cuando se le pregunta sobre los detalles de su colección, cuya ubicación jura desconocer. Lo persigue la historia de Goddard estallando unos 3,000 huevos antes de que las autoridades vayan a cuestionarlo, pero no quiere que su propia colección (que en un momento representó a más de 600 especies) sufra el mismo destino.

Entre sus 20 y sus 30 años, Young trabajó en forma ocasional como electricista, conductor de camiones y constructor de cercas. En su tiempo libre, se transformó en una leyenda nocturna, famoso por saber ubicar los nidos difíciles que arman las Lechuzas Moteadas en los agujeros de los árboles. Se sentía igual de cómodo entre las copas de los árboles que sobre la tierra. Durante un viaje a Cabo York en busca del nido del Loro Ecléctico, trastabilló y cayó en picada más de 100 pies desde la copa de una higuera. De alguna forma, salió ileso. “Le pegué a todas las ramas y eso ralentizó la caída”, cuenta. Jim Frazier, ex cinematógrafo de vida silvestre con base en New South Wales, logró que al poco tiempo Young apareciera en las películas de David Attenborough. “Es uno de los mejores del mundo en lo que hace”, dice Frazier.

Young mostrando su foto de un puñado de huevos de Torillos de Robinson junto a pastizal similar en Brooklyn Sanctuary de Australian Wildlife Conservancy. Foto: Lachlan Gardiner

A pesar de su creciente perfil, Young vivía, según dice, “pegado a mí”. A comienzos de los años 90, con el apoyo de un anestesiólogo adinerado llamado Tom Biggs y su esposa, lanzó John Young Wildlife Enterprises. La empresa hizo poco y nada durante años, apoyando las expediciones descabelladas de Young para documentar especies desconocidas a través de recorridos dinámicos de avistaje de aves y la producción de películas.

Young se interesó por la conservación de forma natural. Cerca de su hogar en la costa de Queensland, le sorprendió encontrar Nínox Rojizos y Lechuzas Australianas con los ojos ensangrentados. Después de que una necropsia a una Lechuza Patilarga arrojara rastros de brodifacum, el ingrediente activo de los venenos para ratas utilizado en plantaciones de azúcar, Young presionó al fabricante para retirarlo del mercado y lo logró. Más tarde, lideró el proyecto de Humedales TYTO ––uno de los mayores proyectos urbanos de restauración de humedales de Australia–– con la intención de preservar a las Lechuzas Patilargas y a los Diamantes Escarlata. Se puede encontrar una gigantografía de él en la entrada al centro de visitas.

Con el paso del tiempo, Young se ganó su reputación como showman. Olsen, en su libro de 2007 Glimpses of Paradise (Imágenes del paraíso), escribió que Young a menudo “decía que había hecho un descubrimiento increíble pero mantenía todo en secreto, lo cual dividía a la comunidad de aves y finalmente no llegaba a nada”. Cita una carta en la que él alardea de haber recolectado 31 huevos de Pericos del Paraíso, aves de aspecto llamativo que no se habían visto desde 1930. Young niega haberlo hecho pero dice que vio agujeros en montículos de termitas y cree que solo pueden haberlos hecho Pericos del Paraíso. “No sabía que era un crimen entusiasmarse por un descubrimiento e inflar algo un poco”, dice sobre su tendencia a la exageración.

En 2006, mientras trabajaba con funcionarios de vida silvestre para encontrar nidos de Picocerdas Orientales, casi extintos, Young tomó fotos de un lorito de higuera en la copa de un árbol tropical al sur de Queensland. El único lorito de higuera que se describe en el área, el Lorito Dobleojo, no se había avistado en más de 30 años. Young sostuvo que sus fotos representaban una especie completamente nueva, más grande que los Loritos Dobleojo y con la frente color azul. Biggs vio la oportunidad de marketing y organizó con diligencia una conferencia de prensa. “Fue gracias a mi destreza para escalar y conocimiento sobre comportamiento de aves que lo encontré”, declaró Young al periódico The Courier-Mail de Brisbane. El Ministro de Medioambiente de Queensland felicitó a Young y dijo que su agencia colaboraría para documentar al ahora llamado Lorito de Frente Azul.

Durante los días siguientes, Roberts, el periodista, compartió la foto de Young con un experto forense, y este último sugirió que había sido retocada para cambiar la frente del ave de roja a azul. Para saber a ciencia cierta, el experto necesitaba examinar las fotografías originales. “Tarde piaste”, dijo Young. Las había borrado. A 12 años de aquel anuncio, no se encontraron nuevas pruebas. Young solo admitió haber iluminado u oscurecido ciertas partes de la imagen. Aunque defiende su descubrimiento, sostiene que sería mejor concentrarse en encontrar Pericos Nocturnos. “Fue el mayor desafío de mi vida”, dice.

Mapa de Mike Regan

El interior de Queensland no es un lugar fácil para sobrevivir. Durante la mayor parte del año, hace muchísimo calor y está lleno de spinifex, un alfiletero que se hace pasar por vegetación. Luego, durante algunas semanas ––si el año es bueno–– el cielo se abre, el agua corre por los lechos de arroyos secos y aquel outback descolorido se vuelve verde.

La vida silvestre local se encuentra sobre el filo de la navaja y depende de cuántos milímetros de lluvia caen. Los colonos blancos destruyeron el equilibrio cuando trajeron vacas y gatos a comienzos del siglo XIX. Vieron el lugar en su mejor etapa productiva y trajeron ganado en cantidades muy superiores a las que el ecosistema podía soportar. Marsupiales que en otra época abundaban, incluidos el bilbi menor y el bandicut de pies de cerdo, se creyeron extintos en los años 60. Aves como el Torillo Australiano y el Alcaraván Colilargo prácticamente desaparecieron del interior. Otras especies, como el Perico Nocturno, comenzaron a disminuir de forma lenta, una tendencia que continúa hasta la actualidad.

Cuando el explorador Charles Sturt rescató un Perico Nocturno de entre los pastizales de spinifex en 1845, durante una expedición desafortunada para encontrar un mar interno, creyó que era un Perico Terrestre de los que veía en la costa. “Voló perpleja como un ave arrastrada al mar durante un vendaval”, escribió Sturt. No se dio cuenta de que, a diferencia de la variante costera, esta ave había adoptado un estilo de vida nocturno, ideal para evitar a sus depredadores. (El Perico Nocturno y el Kakapo de Nueva Zelanda son los únicos pericos de hábitos nocturnos).

Hacia fines del siglo XX, quedaban pocos Pericos Nocturnos. En 1922, el coleccionista Lawson Whitlock buscó al ave elusiva en el interior y solo encontró sus marcas sobre la tierra. En los años 80 y 90, el gobierno de Australia Occidental distribuyó panfletos a moteles a los lados de las carreteras pidiendo información sobre cualquier avistaje, pero nada sucedió. El dueño de Australian Geographic ofreció 38,500 dólares a quien pudiera proporcionar evidencia sobre la existencia de la especie, recompensa que pagó en 1991 a raíz de un perico muerto que recogieron del lado de una carretera.

Así fue como Young comenzó a buscar al ave en su tiempo libre. Cuando apareció el segundo perico muerto en 2006, redobló sus esfuerzos con Biggs como financista de varios cientos de miles de dólares. Young comenzó su búsqueda yendo al lugar en el que había caído el ave y trató de “ponerse en sus zapatos”. Asumió que el perico había seguido una línea de árboles del lado oeste de la cerca y se preguntó por qué habría girado de forma tan brusca en ese preciso lugar. Mirando al este por encima de la cerca, vio colinas de spinifex en una finca ganadera conocida como Brighton Downs y tuvo el presentimiento de que la intención del ave era ir hacia allá.

Young había estado acampando en Brighton Downs durante casi un mes cuando escuchó por primera vez el silbido de dos notas en abril de 2007. Cuando imitó el sonido ––“tin-tin”––, una pareja se posó cerca.

Registró el sonido pero no logró ver a las aves para sacarles una foto. No volvieron a aparecer las noches siguientes. Durante los años siguientes, expandió su búsqueda agotadora para abarcar todo el interior de Australia. “Más difícil se ponía, más me motivaba”, cuenta. En 2011, se volvió a casar e intentó reconstruir su vida hogareña pero la naturaleza seguía llamándolo. El 26 de mayo de 2013 finalmente logró captar imágenes y videos del Perico Nocturno en Brighton Downs y pudo presentarlos al mundo sin retoques.

Un Perico Nocturno que Young fotografió en 2013. Foto: John Young/AWC

Bueno, no estaban 100% libres de retoques. Young no pudo evitar usar Photoshop para quitarle una rama de spinifex del dorso del ave. Pero qué importa. El punto es que de verdad encontró al ave.

En junio de 2013, Biggs llevó a un experto a Brisbane para corroborar el descubrimiento de Young antes de hacerlo público. Steven Murphy, un especialista en conservación que tiene una empresa de asesoría llamada Adaptive NRM, escuchó la historia de Young con un cierto malestar. Le vendieron las fotos, pero tenía la impresión de que Biggs y Young querían pedir un rescate por el ave en mayor peligro de extinción de toda Australia. Young se negaba a revelar su ubicación al gobierno. En cambio, planeaba recaudar 1.5 millones de dólares para administrar la propiedad en la que los había encontrado. “Acaba de decir ‘yo fui quien hizo todo el trabajo así que puedo ocuparme solo’”, cuenta Murphy. “Eso nos preocupó a todos”.

Sin embargo, Murphy reiría último. El año anterior, la empresa minera Fortescue Metals Group había destinado 750,000 dólares a estudiar al Perico Nocturno como parte de un acuerdo de expansión de su zona de trabajo. En agosto, Murphy envió una propuesta a la empresa y ofreció contratar a Young para documentar la ecología del Perico Nocturno y establecer una metodología para detectarlo. En aquel entonces, los relatos más detallados de la historia natural de las aves consistían en las entradas del diario de un ornitólogo amateur y en dos páginas publicadas por un coleccionista de especímenes en 1883. Una de las pocas cosas que los investigadores sabían con seguridad era que los pericos solían descansar sobre spinifex y comerse sus semillas, pero la planta no disemina semillas todos los años así que las aves tenían que haber conseguido otros recursos.

Más allá de su amor por las aves, Murphy y Young tenían poco en común. Murphy es un investigador meticuloso que escribe cada idea y observación en una libreta del tamaño de su mano, y Young es un naturalista “casero” que organiza la información solo en su cabeza. Llegaron a un acuerdo y juraron mantener en secreto el sonido y la ubicación de las aves hasta que estuvieran seguras. Incluso el gobierno federal y un comité científico que se estableció en 2013 para supervisar la investigación de Pericos Nocturnos desconocían el lugar del estudio.

Durante el primer viaje de Murphy a Brighton Downs en agosto de 2013, intentó mantener su mente abierta. “Gran parte de esto se basa en nuestra interacción con John Young en el lugar”, tenía escrito en el diario que compartió conmigo. Si bien la exigencia de Young de mantener todo en secreto parecía exagerada ––insistía en camuflar los paneles solares del lugar con cinta adhesiva negra, por ejemplo–– Murphy podía apreciar la preocupación sincera de Young por las aves. “A pesar de su modo obcecado, reconozco que el tipo me cae bien”, escribió Murphy.

Pero a partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Murphy quería colocar grabadoras para determinar de manera sistemática la presencia o ausencia de las aves en varios hábitats, mientras que Young solo quería encontrar más aves. Con temperaturas que superaban los 110 ºF, los hombres chocaban en forma constante. Aún después de desmayarse por un golpe de calor, Young continuaba diciéndole a Murphy que él tampoco se veía muy bien. “Alcanzar un estado armónico en este viaje implica pasar el mayor tiempo posible lejos de John Young”, escribió Murphy.

En 2014, un día de octubre, Murphy encontró algo inusual: una pluma de Perico Nocturno sobre el suelo. Junto con Young, encontraron 28 en total, quizás los restos de una pareja nidificando. Young también encontró cerca caca de gato. Los gatos salvajes se encuentran entre las mayores amenazas a la vida silvestre australiana, y los Pericos Nocturnos, que anidan sobre la tierra, son especialmente vulnerables. “Nos dio náuseas a los dos”, cuenta Murphy. Considerando que Young y Murphy habían confirmado la existencia de unos pocos Pericos Nocturnos vivos, esto significaba que gran parte de la especie había casi desaparecido. Y para colmo de males las aves no son muy prolíficas, ya que tienen dos nidadas de uno o dos polluelos por año.

Murphy se sentía responsable por la especie y la sensación era cada vez más pesada. El trato con el diablo que había hecho con Young implicaba que ambos hombres eran los únicos guardianes del ave. “Para mí, el problema era no querer contarle nada a nadie”, dice. Murphy concluyó que la única forma de salvar al Perico Nocturno era arrebatarle un poco el control al hombre que lo había redescubierto. “Que haya descubierto algo no significa que pueda y sepa investigarlo”, me dijo Murphy cuando estuve en su casa en el mes de abril. La declaración fue tan dura que le pregunté si creía que era cierto. “No tiene un solo pelo de científico”, me contestó Murphy.

A fines de 2014, Murphy eludió a Young y negoció un trato con Bush Heritage Australia, un grupo de conservación, para comprar la propiedad en la que encontraron a los pericos. Young no regresó desde entonces. “No se si soy bienvenido”, dice.

Leseberg investiga dónde pueden encontrarse Pericos Nocturnos y de qué manera se ve afectado su comportamiento de reproducción por condiciones climáticas como la lluvia. Foto: Lachlan Gardiner

A fines de abril, Nick Leseberg, un licenciado de la Universidad de Queensland, golpeó una nube de moscas con el parabrisas de su camioneta mientras conducía por un camino lleno de baches en la Reserva de Pericos Nocturnos de Pullen Pullen. Las inundaciones acababan de retroceder de la parcela de casi 140,000 acres de la antigua Brighton Downs, y las moscas eran insoportables: volaban en círculos sobre el vehículo, buscando el más mínimo hueco.

Leseberg se hizo cargo de la investigación de Murphy y me estaba llevando al lugar en el que Young dice haber visto el primer Perico Nocturno 11 años atrás. El paisaje parece cubierto por un manto gris plano que se extiende durante millas y de repente ¡pop! aparece una meseta de rocas de un color rojo glorioso: un “jump-up”, como le dicen en Australia. En las partes más bajas, el spinifex parece una procesión de orugas salvajes.

Los pericos aún no resultan fáciles de encontrar. En general, emiten sus llamados durante un lapso de 10 a 20 minutos antes del amanecer y al atardecer, a las “perico en punto”, como dice Leseberg. Leseberg estima que hay entre 8 y 15 aves en Pullen Pullen y en la propiedad adyacente. Él y sus colegas siguen buscando más. Han prestado atención en una docena de lugares alrededor de ese área y han instalado cientos de grabadoras pero las aves parecen aparecer de forma consistente en tres puntos específicos. “Este lugar debe tener algo especial”, dice Leseberg.

La reserva se encuentra en una región del outback que recibe el nombre de Channel Country (algo así como “región de los canales”) por los riachuelos que drenan de las zonas de monzones al noreste. No es muy frondosa pero la humedad protege a los pericos ––y a las plantas que necesitan para vivir–– de las condiciones desérticas más duras. En 2015 y 2016, Murphy rastreó con éxito dos aves durante sus vuelos de forrajeo, y reveló hacia dónde iban estas aves cuando no estaban agolpadas en sus fortalezas de spinifex. Cada tarde, partían hacia humedales transitorios conocidos como gilgai en busca de semillas de gramíneas. Volaron más de 25 millas en una misma noche, una adaptación al desierto que hace que su zona de distribución sea cientos de veces mayor que la del Perico Terrestre.

La resistencia de las aves también puede explicarse por el hecho de que Pullen Pullen logró evitar los incendios por rayos que han destruido otras partes del outback. Cuando hay un incendio, normalmente se apaga al poco tiempo porque el spinifex crece en montones aislados. Y a diferencia de otras áreas, el espacio entre las plantas no se ha infestado de maleza (aunque esta última podría expandirse a raíz de los riachuelos que se forman si no se controla). Por último, hay algunos depredadores. Los gatos salvajes acechan pero los dingos ayudan a mantenerlos a raya. No hay ningún zorro de los que suelen traerse de otros lugares y son tan comunes en el sur.

Bush Heritage Australia trabaja para aumentar la cantidad de pericos en Pullen Pullen. Su equipo de trabajo mata y atrapa gatos, en especial durante los días previos al emplume de los polluelos. (En mayo, a un gato le dispararon a 50 metros de un nido activo). El equipo ha logrado separar el ganado, lo cual permite que crezcan los pastizales de semillas grandes de los que se alimentan los pericos y ha marcado el alambre de púas para evitar impactos.

Sin embargo, ninguna de estas medidas puede hacer que el outback resulte más habitable, ya que el aumento gradual de la temperatura genera sequías prolongadas cada vez más frecuentes. En Pullen Pullen se predice un aumento de temperatura de 5 ºF para 2070 y los pericos serían propensos a morir de calor, según un análisis de sus necesidades hídricas.

Como con cualquier población animal pequeña, un margen limitado de reproducción también limitaría la capacidad de recuperación y de resiliencia de los pericos. Hasta ahora, se sabe poco sobre la diversidad genética de esta ave, ya que el equipo especializado en Pericos Nocturnos evita realizar investigaciones invasivas a menos que sea totalmente necesario. Han tomado muestras de sangre de las plumas de tres especímenes capturados con un método de rastreo por radio, pero aún no han podido analizarlas en forma integral. Quizás resulte posible recabar más información sobre la genética de estas aves en otras partes del continente, analizando el ADN de las almohadillas de las patas de los especímenes que están en museos, pero es un enfoque limitado porque solo cuentan con 25 en total.

Los Pericos Nocturnos estaban cerca de un antiguo nido en Pullen Pullen a comienzos de este año. Foto: Lachlan Gardiner

Una tarde, Leseberg y yo nos ubicamos sobre un montículo en medio del paisaje mientras el sol caía en el horizonte. Las moscas finalmente nos dejan en paz, es decir que los primeros mosquitos comienzan a aparecer. A la distancia, escucho un sonido que se parece a un celular envuelto en una sábana: “Tin-tin”.

¿Acaso son . . . ?

Leseberg asintió. El sonido venía, probablemente, de una hembra empollando, aunque ambos sexos tenían la capacidad de producir ese sonido particular. Los Pericos Nocturnos tienen un repertorio de al menos 10 sonidos diferentes. Al poco tiempo, escuchamos otro llamado de la pareja de esa ave que volaba por algún lugar detrás nuestro, un sonido como de flauta que aparentemente emiten solo los machos.

A pesar de que Leseberg, ex controlador aéreo de la Fuerza Aérea australiana, es experto en seguir los movimientos de las aves con su cabeza como si fueran sonidos que emite un radar, no es fácil descifrar el comportamiento de un ave que casi nunca se ve. Escuchamos algunos “tin-tin” más a las perico en punto, con la duración justa para confirmar que estas aves misteriosas siguen estando ahí, en algún lugar.

Contemplen a John Young arremetiendo contra los pastizales de Brooklyn Sanctuary, al norte de Queensland. “¡Estaba por acá!”, grita, señalando en frente. “Hizo una cosa como de cortejo. Nunca había visto algo así. Voló a alta velocidad, se deslizó por el aire y arrojó su cabeza al aire, cantando”. Young hablaba del Torillo de Robinson, conocido en unos pocos puntos de Queensland. “¿Ves aquellos dos? Esos arbustos oscuros entre los pastizales. Ahí fue donde cayó. Lo seguí hasta ahí, se inclinó y cayó y eso fue todo”, cuenta. Young me dijo que fue ahí cuando sacó la primera fotografía nítida de un torillo vivo. Hasta ese momento, era la única ave australiana que nunca había sido fotografiada.

Le pregunté si tenía la fotografía. “No la tengo en el teléfono”, me dijo, haciendo honor a su costumbre. Me pregunté si realmente existiría. Unos meses después, la fotografía se publicó en una edición de Wildlife Materrs, el boletín informativo de Australian Wildlife Conservacy ––los nuevos jefes de Young.

Desde su pelea con Murphy en 2014, Young acumuló otro divorcio y una carrera estancada. Luego, en 2016, Atticus Fleming, el entonces CEO de Australian Wildlife Conservacy, le ofreció una tarea única: documentar y estudiar las aves menos comunes en las propiedades bajo el poder o la administración de la organización. “Fue una experiencia de otro planeta”, dice Young. Al igual que el Perico Nocturno, tenía otra oportunidad.

Young haría un seguimiento a los Azores Rojos de Cabo York. En Brooklyn Sanctuary, investigaría la historia natural de los Torillos de Robinson, aves tan caprichosas que se sabe menos sobre ellas que sobre los Pericos Nocturnos. (Solo existen siete especímenes en distintas colecciones). Y volvería a ocuparse de los Pericos Nocturnos.

En los últimos dos años, Young encontró tres nuevos nidos de Pericos Nocturnos y registró llamados de estas aves en siete puntos del Parque Nacional de Diamantina, al límite con Pullen Pullen. (Posteriormente, el Parque declaró que el área tendría acceso restringido y amenazó a los avistadores de aves y a otros intrusos potenciales con multas de hasta 250,000 dólares o hasta dos años de cárcel). Young también sostiene haber descubierto plumas de Perico Nocturno a unas 375 millas, cerca del lago Eyre al sur de Australia, un hábitat dominado no por spinifex sino por una suculenta resistente al fuego conocida como inula crithmoides. Este año, Young colocó 30 grabadoras de sonido en el área y dice que “encontró una sorpresa” cuando acampaba en el lugar ––pero todavía no piensa revelárnosla.

Young no les ha hecho las cosas fáciles a sus jefes. Durante una reunión científica en Alice Springs el año pasado, acusó a Leseberg de haber aplastado un nido de Pericos Nocturnos en Diamantina. “¡Lo quería desollar vivo!”, dice Young, aunque admite que se dejó llevar en el ardor del momento. John Kanowski, el jefe actual de Young, escribió un correo electrónico pidiendo disculpas en su nombre. “Yo lo veo como un niño grande”, dice Kanowski. ¿Y Young lo vale? “Tenemos muchos naturalistas buenos trabajando con nosotros pero ninguno tiene su capacidad. Es como Usain Bolt: ¡un fenómeno!”.

Young ya no ostenta el monopolio de encontrar nuevas poblaciones de Pericos Nocturnos. En marzo pasado, avistadores de aves fotografiaron a un Perico Nocturno por el centro de Australia Occidental y descubrieron un nido, que después quedó abandonado. También se escucharon sus sonidos en el Territorio del Norte y se confirmó su avistaje en otra región de Australia Occidental. Leseberg intentó rastrear por radio a un ejemplar que viajaba al oeste pero desapareció antes de que pudiera hacerlo.

Si bien Pullen Pullen sigue siendo el único sitio en el que se han avistado y estudiado Pericos Nocturnos año tras año, se estima que hay cinco poblaciones más en distintas partes del país. Su resistencia en una zona de distribución tan amplia, siendo tan pocos ejemplares y sin ningún plan de gestión, sugiere que aún quedan esperanzas, sobre todo si se hacen esfuerzos por restaurar y proteger hábitats críticos, como sucede en Pullen Pullen.

Si bien los conservacionistas catalogaron a los Pericos Nocturnos como especies lázaro ––es decir, redescubiertas después de haberse considerado extintas––, Leseberg dice que eso puede resultar confuso. Documentos históricos revelan que los locales han informado de su existencia en forma continua durante el último siglo, pero nadie los tomaba en serio. “Los avistadores de aves son intrínsecamente excépticos”, dice. Uno se pregunta cuántas otras especies se han dado por muertas demasiado rápido. Un Torillo Australiano ––aún no extinto pero en grave peligro de extinción–– apareció hace poco en Pullen Pullen.

Si le preguntamos a Young cuándo hay que darse por vencido con una especie y cuándo hay que aceptar que han desaparecido de la faz de la Tierra, responderá “jamás”. “En lo que a mí respecta, nada está extinto”, me dijo.

Y aunque uno no crea en todo lo que dice Young, vale la pena escucharlo.
 

Actualización: 2 de octubre de 2018

A partir de la publicación en línea de este artículo la semana pasada, varios lectores notaron una red tipo jaula en la fotografía del Perico Nocturno que John Young sacó en 2013 y cedió a Audubon. Capturar una ave en peligro de extinción como el Perico Nocturno sin el permiso correspondiente hubiera sido ilegal, y Young niega haberlo hecho. Se advirtió sobre las fotos a Australian Wildlife Conservancy, empresa que emplea a Young, y la mañana del martes 27 de septiembre le solicitaron la renuncia a su puesto de ecologista sénior. En un correo electrónico a Audubon, Young atribuyó su renuncia a este artículo y a “otra negatividad” que recibió pero no respondió a la pregunta sobre si había capturado al ave.

Los detractores de Young, incluido Steve Murphy de Adaptive NRM, cuestionan desde hace tiempo cómo Young lograba obtener fotos y videos tan nítidos de aves tan inquietas. Cuando Young compartió sus fotos con Murphy por primera vez, este último notó que la hora indicaba que se habían tomado a las 5 de la tarde, mucho después del horario de actividad de las aves. Murphy también sospechaba que Young alteró una de las imágenes y no para quitar la rama de spinifex como dijo, sino para borrar las plumas dañadas durante su captura. “Esperaba que se sincerara y dijera que había capturado al ave”, dice Murphy. “Pero nunca lo hizo”.

Durante la cobertura del artículo original, Audubon también entrevistó a John Stewart, un maestro retirado que estaba con Young cuando se tomaron las primeras fotografías y sostuvo que el Perico Nocturno simplemente se paralizó bajo el reflector. “Establecimos un punto por el que supusimos que pasaría”, dijo. “Y finalmente pasó. Cuando un ave nocturna se encuentra con un reflector, tiende a bajar al suelo”.

Además, surgieron dudas sobre las declaraciones de Young con respecto a la presencia de Pericos Nocturnos en Kalamurina Wildlife Sanctuary al sur de Australia, que también contribuyeron a la presión para su renuncia, según dos fuentes que prefirieron mantenerse anónimas. John Kanowski, gerente nacional de Ciencia y Conservación de AWC, dice que confía plenamente en el trabajo de Young desde que lo contrató en 2016 pero promete investigar cualquier denuncia de falta de ética científica. “La renuncia de John no tiene nada que ver con su trabajo con nosotros”, dice. 

En su correo a Audubon, Young declara que espera no volver a ver otro Perico Nocturno por el resto de su vida. “Pasé tantos años buscando a esa ave que me terminó costando la carrera”, escribió. “Ya no tengo ningún interés en la conservación”.

Esta historia se publicó originalmente en la edición de otoño de 2018 como “On the Trail With the Wild Detective” (En el sendero con el detective de vida silvestre). Para recibir la revista impresa, hágase miembro hoy mismo realizando una donación.

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