Cultura

En una nueva película de Netflix, la frontera entre Estados Unidos y México une a las aves y a las personas

El documental "Birders" muestra el sorprende espectáculo de la migración durante el otoño mientras explora las preocupaciones de los conservacionistas en ambos lados del Río Grande.

El río que fluye entre los Estados Unidos y México constituye la mitad de la frontera entre ambos países y se lo llama de dos maneras: En el norte, los residentes llaman la división acuosa Río Grande, y al sur, Río Bravo.

Sin embargo, en el nuevo documental Birders”, que Netflix lanzó el 25 de septiembre, las distinciones y divisiones marcadas por esta frontera se pierden en el fondo. En su lugar, el río es retratado como un punto de encuentro para las aves migratorias y un punto de unidad y terreno común para quienes las aman.

Si bien el objetivo inicial del documental era contar la historia sobre la relación entre Estados Unidos y México, la directora Otilia Padua decidió abordar el tema de una manera poco convencional. En lugar de enfatizar la política, se enfoca principalmente en las aves y sus hábitats naturales en una región ecológicamente significativa, donde convergen las rutas migratorias y las zonas climáticas.

“La forma de crear interés es haciendo que la gente se enamore de las cosas y creo que es realmente fácil enamorarse de las aves porque están en todas partes”, asegura Padua.

Filmado el otoño pasado, el documental de 37 minutos muestra a los espectadores un recorrido que sigue una ruta migratoria aviar importante en una época del año en la que cientos de especies se congregan en el sur. La película está llena de impresionantes aves fronterizas como el Turpial Enmascarado, Chara Verde y Suirirí Real, así como una amplia variedad de halcones.

En el transcurso de la película se presentan observadores de aves, guías y coordinadores de ambos lados de la frontera desde el sur de Texas hasta Veracruz, México. Uno de estos personajes es el fotógrafo de vida silvestre Richard Moore, que nos guía a través de varios refugios y ranchos agrestes en Texas, los cuales sirven como puntos de escala clave durante la migración y constituyen un hábitat esencial para las aves residentes.

“A la gente le atraen las aves”, dice al comienzo de la película. “Por un lado, son muy visuales. Pero creo que lo que más nos inspira de las aves es su libertad, su capacidad de volar dónde y cuándo desean”.

No todas las aves que aparecen en la película lucen plumas llamativas. Este papamoscas sin identificar, por ejemplo. Foto: Courtesy of Netflix

La libertad de movimiento que ofrece el vuelo de las aves aparece en marcado contraste con la realidad que enfrentan los humanos en las fronteras de todo el mundo. A lo largo de la película, Padua evoca sutilmente las tensiones subyacentes que rodean el límite entre Estados Unidos y México mientras mantiene la narrativa centrada en la naturaleza y la conservación. En muchos casos, los personajes expresan sus preocupaciones sobre las circunstancias actuales en la frontera, que han limitado a algunos observadores de aves a un solo lado del río.

“A algunas personas les pareció que era demasiado político y otras pensaron que no era lo suficientemente político”, afirma Moore sobre el documental. “Personalmente, no sentí que se hablara de política. Otilia solo usa las voces de personas a ambos lados del Río Grande para hablar sobre lo que las aves significan para ellos y lo que están tratando de hacer para mejorar las condiciones de las aves”. 

Para las aves, una frontera no tiene connotación política. En cambio, es un espacio vital para reponer sus estómagos, nutrir a sus crías o descansar para la próxima etapa de su largo vuelo. Sin embargo, la construcción inminente del muro fronterizo, cuyas partes aparecen en la película, creando una sensación de interrupción en la naturaleza serena que lo rodea, representa una amenaza al hábitat esencial para las aves migratorias y otros animales salvajes.

Elena Fortes, la productora, ha dicho que espera que los espectadores del documental obtengan una apreciación más profunda de las aves y una conciencia general de los peligros que enfrentan. Durante una entrevista con Audubon, señala un hallazgo reciente: se estima que hay tres mil millones menos de aves en América del Norte hoy en comparación con 1970, al mismo tiempo que señala el impacto potencial del muro fronterizo en varias áreas importantes de conservación.

A un nivel más profundo, Fortes dice que la película alienta a los espectadores a mirar la idea de la migración desde un ángulo diferente. “En algunos momentos, no se puede distinguir con exactitud si hablamos de aves o humanos”, reflexiona. “El tema de la migración es una especie de impulso natural para buscar mejores condiciones para su familia. Eso es algo que las aves hacen y algo que los humanos seguirán haciendo independientemente de si se imponen o no restricciones”.

En una de las escenas finales, los observadores de aves de ambos países se reúnen en una torre de vigilancia en Chichicaxtle, Veracruz. Cada persona mira a través de un par de binoculares, niños y ancianos por igual. Un niño presiona rápidamente un contador manual, un clic por cada halcón que ve, pero parece que no puede seguir el ritmo del montón de aves rapaces planeando. El grupo presencia el espectáculo anual de otoño en el Río de Rapaces, durante el cual millones de halcones y otras aves atraviesan Veracruz en dirección sur.

En este punto de la película, aunque solo sea por un momento, la frontera se convierte en una mera abstracción. “Independientemente de la geografía, la socioeconomía y las formas en que se separa a las personas, [los observadores de aves] compartían su pasión por las aves y por proteger los lugares donde migran”, concluye Padua. “En verdad creí que era hermoso encontrar algo que todos tenían en común.

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