Penguin rápidamente se convirtió en el sexto miembro de nuestra familia y desarrolló una relación especialmente estrecha con Sam (en el extremo izquierdo). A la mañana temprano a menudo volaba a una habitación, se dejaba caer en las mantas y dormía un poco más. Fotografías: Cameron Bloom

Volando Juntos

El ave que salvó a mi familia

Después de la tragedia, a los Bloom les costó recuperarse. Y adoptar a una urraca herida resultó ser justo lo que la familia necesitaba para empezar a sanar.

Adaptado del libro Penguin the Magpie (Penguin, la Urraca), que se publicó el 4 de abril de 2017 en los Estados Unidos.

Al despertarnos en una villa costera remota en nuestro segundo día en Tailandia, mi esposa, Sam, y yo pensamos que el viaje con nuestros tres hijos se estaba convirtiendo en la aventura familiar de ensueño que esperábamos que fuera. Al amanecer la playa estaba vacía, a excepción de los cocoteros que se mecían. El agua nos llamaba, así que nos zambullimos y pasamos las siguientes tres horas riendo y salpicando como tontos felices. Luego, cuando volvimos al hotel a buscar refrigerios, sucedió lo impensable. Mientras tomábamos jugo fresco de papaya en una terraza, la cerca de seguridad contra la que Sam estaba apoyada colapsó. Se cayó a las baldosas que estaban 20 pies más abajo.

Pasaron siete meses hasta que a Sam le dieron de alta de la sala de columna en Australia. Había perdido sus sentidos del gusto y el olfato, y no tenía respuesta de reflejo debajo de la mitad de la espalda. Hacía lo que podía para parecer estar de buen humor por nosotros, pero podíamos ver como sufría. Yo sabía que se estaba alejando del mundo. Busqué consejo y apoyo en todo lugar que pude, pero nada parecía ayudar. Lentamente estaba perdiendo al amor de mi vida.

Y luego llegó Penguin.

Penguin era una pequeña cría de urraca canora cuando mi hijo Noah la encontró en un estacionamiento al lado de la casa de su abuela. Ráfagas de viento la habían arrojado de su nido, a aproximadamente a 60 pies de altura, sobre un árbol de araucaria excelsa. Un ala colgaba inerte a su lado y, sin cuidado inmediato, la pequeña y temblorosa cría moriría.

Nuestra familia ya había visto demasiada tragedia por el resto de su vida. Sin poder encontrar un refugio de animales que aceptara una cría herida, Sam y yo decidimos que la íbamos a cuidar hasta que hubiera sanado completamente y fuera lo suficientemente fuerte como para sobrevivir sola. Si no lo lográbamos, la pondríamos a descansar en el jardín. De cualquier modo, iba a quedarse con nosotros. Los niños inmediatamente la llamaron Penguin (Pingüino) por su plumaje blanco y negro, y eso fue todo. De repente, nuestros tres hijos tenían una hermana: la señorita Penguin Bloom.

Con el tiempo, con mucha paciencia y mucho amor, Penguin creció en estatura y confianza. A medida que aumentaban sus fuerzas, también lo hacía su curiosidad. Comenzó a buscar alimento en el jardín para complementar su dieta y se hizo cada vez más independiente, incluso nuestro vínculo con ella se fortalecía.

Parecía que Penguin siempre sabía cuándo los niños volverían de la escuela caminando. A medida que se acercaban las 3.30 p.m., se ubicaba sobre el naranjo al borde de nuestra propiedad y esperaba que doblaran la esquina. No bien los escuchaba acercarse, empezaba a cantar, y los niños respondían felizmente con su mejor intento del canto de la urraca. Se llamaban una y otra vez, en un alegre coro de salutación. Como muchas hermanas menores, aprendió a molestar a sus hermanos mayores y salirse con la suya. Pero siempre se amigaban al final.

Mientras tanto, Penguin y Sam se hicieron inseparables. Siempre se cuidaban la una a la otra. Cuando Penguin estaba débil y enferma, Sam la cuidaba hasta que se recuperaba. Cuando a Sam le costaba moverse, Penguin le cantaba para darle energía. Después de terminar el entrenamiento o la terapia física, o cuando el dolor era demasiado, se acostaban afuera bajo el cielo. A veces Sam le hablaba a Penguin suavemente, a veces Penguin le cantaba a Sam, y a veces ninguna de las dos emitía sonido durante horas. Había muchas menos lágrimas y muchas más risas alrededor de la casa. Le agradezco a Dios por esa loca pequeña ave.

Sabíamos que, por su propio bien, Penguin necesitaba pasar mucho más tiempo afuera; jugar videojuegos y mirar películas no podía considerarse una preparación adecuada para sobrevivir en su entorno natural. El gran árbol de plumeria de nuestro jardín se convirtió en su nueva residencia principal. Ahora pasa cada vez más tiempo fuera mientras hace amigos y explora su nuevo territorio. Nos encanta escuchar su canto cada vez que pasa a visitarnos, y pasa de la cocina, a la sala o la habitación como si fuera dueña del lugar. 

Lo más satisfactorio de criar a Penguin ha sido ver el tipo de ave que resultó ser. No se sienta a esperar que la vida llegue, sale a buscarla. Es inteligente, fuerte, resistente y valiente. También es traviesa, curiosa y muy graciosa.

Al principio pensamos que estábamos rescatando a Penguin, pero ahora sabemos que esta excepcional pequeña ave nos ha hecho más fuertes, nos ha unido como familia, nos ha dado miles de razones para sonreír y reír durante un momento extremadamente difícil y, al hacerlo, nos ayudó a sanar tanto física como emocionalmente. Así que, en realidad, Penguin nos rescató a nosotros.

Posdata: en la actualidad los Bloom están cuidando dos nuevas urracas, Puffin y Panda. Siga las aventuras de la familia en Instagram.

 

Copyright © 2016 de The Lost Bear Company Pty Ltd y Cameron Bloom Photography Pty Ltd. Originalmente publicado en Australia en 2016 por HarperCollins Publishers Australia.

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