El Rep. Raúl Grijalva (D-Arizona), el nuevo presidente del Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes, en su oficina del Capitolio. Foto: Pete Marovich

Conservación

El gobierno de Trump ya no puede ignorar más a Raúl Grijalva

Con el martillo en la mano, el nuevo presidente del Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes está listo para arremeter contra la industria y trabajar para volver a proteger a las aves y los terrenos públicos.

El 7 de enero, el Rep. Raúl Grijalva (D-Arizona), el nuevo presidente del Comité de Recursos Naturales, le envió una carta punzante a David Bernhardt, el secretario en funciones del Departamento del Interior. Grijalva quería saber por qué la Oficina de Administración de Tierras (BLM, por sus siglas en inglés) del departamento avanzaba con reuniones públicas sobre planes de arrendamiento de petróleo y gas en el Refugio Nacional de Vida Silvestre en el Ártico, en Alaska, a pesar de un cierre gubernamental parcial que había derivado en el despido de miles de empleados del Departamento de Interior y la interrupción de otras operaciones. Grijalva escribió que las reuniones deberían aplazarse y que celebrarlas durante un cierre “da la clara impresión de que BLM simplemente está tratando de marcar las casillas y dar por finalizados los períodos de comentarios lo antes posible”.

Dos días después, BLM anunció que iba a posponer las reuniones. Miren eso. Eso sí que era algo nuevo.

No queda claro si la nota de Grijalva tuvo que ver con la decisión de BLM, pero para este congresista de nueve mandatos, el haberse salido con la suya esta vez fue motivo de satisfacción. Grijalva cuenta que envió decenas de cartas al Departamento de Interior, de las cuales no recibió respuesta. En ellas buscaba explicaciones para las políticas del departamento bajo el liderazgo de Ryan Zinke, el ex secretario que se convirtió en el blanco de múltiples investigaciones por cuestiones éticas y que presentó su renuncia en diciembre.

Grijalva, el demócrata de mayor rango del comité desde 2014, ha sufrido la frustración de ver al gobierno de Trump avanzar a paso firme hacia su objetivo declarado de lograr la supremacía energética. En diciembre, por ejemplo, BLM presentó planes para levantar las restricciones a la explotación de petróleo y gas en unos nueve millones de acres del hábitat del Urogallo de las Artemisas en terrenos federales que habían estado protegidos por un compromiso, asumido en 2015, de evitar que las aves figuraran en la lista de especies amenazadas bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción. El Departamento de Interior también se está moviendo rápidamente para facilitar perforaciones en el Refugio del Ártico y expandir el desarrollo energético en la Reserva Nacional de Petróleo de Alaska. Además, en cuanto a la Ley del Tratado de Aves Migratorias (MBTA, por sus siglas en ingles), está adoptando un enfoque que decididamente favorece a las industrias.

Bajo el liderazgo del expresidente Rep. Rob Bishop (R-Utah), el comité—que controla los terrenos federales, las especies silvestres, el petróleo y el gas, la minería, cuestiones tribales y los océanos—se mostró empático con los planes del gobierno. Según un análisis del grupo demócrata, casi un tercio de los testigos invitados a dar testimonio ante el comité en 2017 y 2018 eran representantes industriales. Las empresas energéticas—en especial las que tenían intereses relacionados con combustibles fósiles—eran las que recibían invitaciones con mayor frecuencia.

Pero ahora el martillo lo tiene Grijalva. Puede expedir citaciones y celebrar audiencias de supervisión, y dice que planea citar tanto a Zinke como a Bernhardt para que testifiquen ante el comité. Él decide qué legislación considerará el panel. Y si bien los proyectos de ley que envíe a la cámara de diputados, de mayoría demócrata, serán difíciles de concretar teniendo en cuenta que tanto el senado como la Casa Blanca están en manos de los republicanos, los próximos dos años se presentan como una oportunidad para prepararlos para un eventual cambio de mando, lo cual podría ocurrir si su partido tomara las riendas en 2020.

En una entrevista sobre sus planes como presidente, Grijalva, de 70 años, le cuenta a Audubon que el cambio climático será el foco de audiencias importantes y la lente a través de la cual su comité observa casi todos los asuntos. “Desarrollar la resiliencia al cambio climático y buscar los modos de ampliar nuestras limitadas reservas de agua—esas van a ser las prioridades”, afirma. “Vamos a aceptar el cambio climático como un hecho—y una cuestión científica—y no vamos a pasar el tiempo negando ni evitando el asunto”.

Un segundo énfasis de la presidencia de Grijalva estará en investigar la influencia de la industria en el Departamento de Interior y en aprobar proyectos de ley que encaminen al departamento hacia lo que describe como una misión más equilibrada, que reconozca que a los terrenos públicos se les dan varios usos en lugar de solo reparar en el valor comercial. “La cultura que se ha llevado a Interior es sistémica y va desde el puesto más bajo al más alto. Creo que eso es a lo que queremos llegar”, declara. “Para situaciones como esas, vamos a tener que modificar el marco legislativo”.

Algunas de esas propuestas tendrán consecuencias relevantes para las aves y otras especies silvestres. Los esfuerzos del gobierno por debilitar la MBTA serán, por ejemplo, enfocarse en las audiencias del comité y en las posibles nuevas leyes, dice Grijalva. Interior recibió reproches y fue demandado por la National Audubon Society y otros en 2017, cuando anunció que iba a cambiar su modo de interpretar la MBTA y a dejar de penalizar las matanzas accidentales de aves—conocidas como “captura incidental”—por parte de empresas energéticas y otros actores. Se espera que el departamento afirme pronto esa posición mediante un proceso legislativo formal, pero Grijalva podría intentar evitarlo y presentar un proyecto de ley para que la ley también se aplique en casos de captura incidental.

Y si bien Grijalva pensaba que el compromiso de 2015 sobre la gestión del urogallo de las artemisas era demasiado permisivo con la industria de los combustibles fósiles, sostiene que “de todos modos, eso es lo que está vigente". "Ahora intentar deshacerlo, es otra cuestión. Vamos a luchar arduamente y a intentar utilizar el marco legislativo para ver cómo podemos brindar protección”.

Para los grupos de conservacionistas, el nuevo presidente ha demostrado ser un aliado. “Si observamos sus prioridades legislativas, tanto en cuanto a su proactividad como a los proyectos de ley perjudiciales que intentó corregir o asegurarse de que no se aprobaran, podemos notar que ha sido un defensor incansable de la preservación de especies y las tierras públicas”, opina Aaron Weiss, vicedirector del Center for Western Priorities.

Como ejemplo, Weiss destaca que Grijalva patrocinó un proyecto de ley de 2009 que establecía el Sistema Nacional de Conservación de Paisajes dentro de la BLM. “Eso realmente marcó un punto de inflexión en cuanto a pensar en BLM no solo como la ‘Bureau of Leasing and Mining’ (la Oficina de Arrendamientos y Minería), como se la denomina a veces despectivamente, sino en reconocer que la BLM desempeña un papel vital a la hora de preservar, y no simplemente de arrendar, los terrenos públicos de los Estados Unidos”, relata Weiss. 

Sin embargo, según los críticos, bajo el gobierno del presidente Trump, el organismo se ha ganado ese apodo despectivo. La BLM puede haber demorado reuniones públicas en el Refugio del Ártico, pero ese solo es un pequeño obstáculo en su avance a alta velocidad para impulsar más perforaciones en la Pendiente Norte de Alaska. “Para mí, el Ártico es una de las prioridades”, sostiene Grijalva. “Nuestro objetivo es intentar interponernos en ese proceso, ya sea por medios legislativos o de otro modo”.

Grijalva afirma que también investigará la decisión controvertida del gobierno de recortar aproximadamente unos dos millones de acres de los monumentos nacionales Bears Ears y Grand Staircase-Escalante. Probablemente, esos tramos se destinarán al desarrollo energético y la explotación forestal. “Queremos saber por qué, quién sale ganando con esto, qué le paso a la ciencia”, sostiene. “¿Aquí la motivación también tiene que ver con los depósitos de carbón o uranio?"

Si bien espera que algunos republicanos lo acusen de lanzar un ataque político contra el gobierno de Trump, Grijalva dice que simplemente desea cumplir con la responsabilidad del comité de controlar al poder ejecutivo. “Si abordamos el tema de manera profesional, basándonos en los hechos, creo que la población estadounidense comprenderá que solo estamos haciendo nuestro trabajo y que merecen saber qué está pasando”, comenta. “Para todo lo que vamos a examinar desde una posición mayoritaria, pedimos información desde una posición minoritaria y fuimos ignorados. Esto no lo estamos inventando. No estábamos esperando esta oportunidad para servir la venganza en un plato frío. Este es el proceso”.

Grijalva comenzó a ocuparse de cuestiones ambientales en la década del '90, cuando se unió a los residentes que se congregaban para exigir la limpieza de aguas subterráneas contaminadas en Tucson. No obstante, afirma que sus raíces conservacionistas surgieron en el rancho donde pasó su niñez. “La variedad de aves que había en la zona en la que crecí era increíble”, recuerda. “Era cerca de la Sierra de Santa Rita. Había un lago allí y uno podía ver a los migrantes que llegaban y a los que partían” (En la actualidad el sitio está preservado bajo el nombre Raúl M. Grijalva Canoa Ranch Conservation Park, y los observadores de aves del área lo eligen como destino).

Grijalva dice que puede llegar a introducir normas para proteger el acuerdo de preservación del Urogallo de las Artemisas de 2015. Foto: Odalys Muñoz Gonzalez/Audubon Photography Awards

Como hijo de un vaquero que emigró desde México y representante de un distrito que abarca 300 millas fronterizas, Grijalva se opone rotundamente al muro propuesto por el presidente Trump. El miércoles celebró una audiencia para destacar que los científicos anuncian graves consecuencias para el paisaje y las especies silvestres de su región natal debido a la construcción del muro. “No es un secreto que todos los que representamos un distrito que está en contacto con la frontera nos oponemos a este muro,” confiesa Grijalva. “Hay un argumento desde el punto de vista ambiental contra este muro, y es uno muy fuerte”.

La protección del paisaje fue el objetivo principal de los 13 años de Grijalva en la Junta de Supervisores del Condado de Pima, la cual presidió del 2000 al 2002. Según la supervisora Sharon Bronson, que trabajó con él en ese organismo, desempeñó un rol de liderazgo en la creación de un plan de conservación para el condado que sirviera de “modelo nacional” para el desarrollo sostenible. Bronson conoce a Grijalva desde hace más de 30 años y lo considera un amigo, pero cuenta que los funcionarios del gobierno llamaron para explicar que sus políticas controversiales deberían avanzar con precaución.

“Si hay algo seguro sobre el congresista Grijalva, es que sabe reconocer una mentira al escucharla, y que utilizará todos los recursos que tenga a su alcance para obtener la información que está buscando”, relata. “Es respetuoso, pero es duro. Si a uno lo mira de frente y sonríe sin decir demasiado, mejor asegurarse de no estar sangrando”.

Puede que Grijalva sea duro, pero también admite que se siente algo intimidado por la "increíble oportunidad y responsabilidad" de liderar el comité en un momento político tan extraordinario. Le preocupa que algunos conservacionistas horrorizados por las políticas de Trump esperen que, bajo su liderazgo, la situación cambie de la noche a la mañana.

“No lo hará, pero estamos encargándonos de cambiar la cultura de nuestro gobierno que ha permitido que pase todo esto”, afirma Grijalva. “Esa es la tarea que tenemos por delante”.

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Bald Eagle. Photo: Don Berman/Audubon Photography Awards

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