Las rapaces migratorias enfrentan año tras año un desafiante viaje. La mayoría de estas aves anidan en el norte del continente y empiezan su migración antes de invierno, para pasar dicha época en lugares más cálidos en Centro y Sur América. Colombia hace parte de este fenómeno natural como ruta de migración, un estratégico sitio de parada y de descanso para las rapaces, e incluso como sitio de invernada. Estas aves nos visitan en dos ocasiones: cuando se dirigen hacia el sur entre septiembre y noviembre (migración de otoño), y cuando emprenden su viaje de regreso al norte a mediados de febrero y abril (migración de primavera).

En la migración de otoño, las rapaces migratorias que utilizan el corredor terrestre ingresan a Suramérica por el noroccidente de Colombia, a través del Darién. Los buteos continúan principalmente por los Andes y sus valles, donde algunos individuos empiezan a quedarse eligiendo sitios de invernada desde Colombia, mientras que las gualas o gallinazos de cabeza roja (Cathartes aura) sigue su migración hacia los llanos de Venezuela y Colombia, seguidos por algunos individuos de otras especies de rapaces. El resto sigue rumbo al sur en una migración de frente amplio, a través de los valles interandinos, cañones y crestas montañosas. Se ha reportado la migración en zonas tan bajas como los valles de los ríos Cauca y Magdalena, así como en zonas mucho más altas como Bogotá. La migración de Buteo swainsoni llega hasta Argentina para pasar el invierno en estas zonas.

Cacería, un riesgo mayor

Lamentablemente, Colombia es uno de los pocos sitios donde la cacería de estas aves persiste, añadiéndole más desafíos a las rapaces que enfrentan múltiples peligros en su viaje migratorio, como la pérdida de hábitat y la contaminación. Las especies más afectadas son aquellas que forman grandes grupos que son notorios para los cazadores: el aguililla de alas anchas (Buteo platypterus) y el aguililla de Swainson (Buteo swainsoni), comúnmente conocidas como águilas cuaresmeras. Son cazadas principalmente para el consumo, ya que los habitantes locales tienen la falsa creencia de que tienen propiedades curativas y también que así se apresura el paso de la cuaresma. Los esfuerzos de conservación son especialmente necesarios en Tolima y Cundinamarca, donde cazadores furtivos cobran la vida de estos seres mientras descansan de su largo viaje en medio de la noche.

El proceso de conservación inicia con el conocimiento y reconocimiento de lo que se quiere proteger. Sin embargo, es poca la información sobre estas aves y sus movimientos migratorios dentro de Colombia. Gracias a estudios de telemetría se tiene una idea general de las rutas de algunas de las especies e investigaciones realizadas en las últimas décadas, principalmente en el noroccidente del país, sentaron las bases para empezar a comprender el fenómeno localmente, determinando la importancia de Colombia (Bechard et al. 1999, Colorado et al. 2006, CAR 2008, Bayly et al. 2014). Más investigación es necesaria para entender cómo funciona la migración dentro de un país con unas características orográficas y climáticas tan particulares como el nuestro.

La Asociación Norteamérica de la migración de rapaces (HMANA) tiene una red de sitios de conteo, donde se monitorea el paso de la migración en toda América con el objetivo de promover el estudio científico, disfrute y apreciación de la migración de las rapaces. Entre norte y centro América hay más de 300 sitios de conteo, mientras que para Suramérica existen tres sitios actualmente activos, encontrando dos para Colombia y uno para Venezuela.

Desde el 2020, la asociación TROPICOS Colombia ha desarrollado actividades educativas en los departamentos afectados por la cacería ilegal y, con el fin de entender mejor la migración, realizó exploraciones en diferentes puntos del país incluyendo los departamentos de Antioquía, Caldas, Cundinamarca y Tolima, en el marco del proyecto “Conservación de rapaces migratorias - Colombia”.

Apoyo comunitario, lo que más cuenta

Se estableció un sitio de conteo al suroccidente de la ciudad de Ibagué para la migración de primavera, llamado “Conteo de Rapaces Tolima”. Con gran expectativa se empezó el monitoreo ya que sería la primera vez que se tendrían registros para la zona. Sobrepasando lo esperado, se observaron más de 400 mil individuos de rapaces migratorias de diez especies diferentes. Estos impresionantes resultados han establecido una línea base para futuros esfuerzos de investigación y conservación sobre las rapaces migratorias en la región. El pasado mes de abril se superaron los números al alcanzar más de 700 mil individuos, posicionando el sitio de conteo del Tolima como el cuarto sitio más importante en la región Neotropical basado en datos publicados (Bildstein 2006).

El incremento respecto a los años anteriores no indica necesariamente que el número de rapaces esté aumentando, ya que no se conoce con certeza si la variación interanual sea normalmente amplia, por lo que es necesario continuar con los estudios. Cada temporada aprendemos un poco más y se ha corroborado que en el centro del país las rutas internas varían entre otoño y primavera. Esto se confirmó gracias al segundo sitio de conteo inaugurado este 2022 en el valle del río Magdalena, en Tolima. Al mismo tiempo surgen más preguntas y tenemos aún mucho por descubrir sobre sus viajes migratorios.

Como el país con más aves en el planeta, Colombia podría ser ejemplo de conservación y ser conscientes del gran privilegio de ser testigos de este espectáculo natural. Un trabajo articulado entre organizaciones ambientales, entes gubernamentales y otros actores locales puede dar un mayor alcance a los esfuerzos contra la cacería, que es una actividad ilegal y penalizada en el país. Es fundamental la participación de la comunidad, siendo la educación un elemento clave para lograr un cambio en la percepción local sobre estas aves que no conocen de fronteras y ayudan a mantener el equilibrio de los ecosistemas en todo el continente.


Agradecimientos

Numerosas organizaciones han sido participes en el apoyo del proyecto desarrollado en Colombia, así como también generosos donadores preocupados por la conservación de estas magnificas aves. Hoy quiero destacar el constante e incondicional apoyo de Hawk Mountain Sanctuary, cumpliendo con su incansable misión de promover la conservación de las rapaces a nivel mundial.

Bibliografía

  • Bayly, N. J., Cárdenas, L. O., Rubio, M. & C. Gómez. 2014. Migration of raptors, swallows and other diurnal migratory birds through the Darien of Colombia. Ornitol. Neotrop. 25: 63–71.
  • Bechard, C., S. Kaltenecher, C. Márquez, G. Colorado, & & A. Castaño. 1999. Migracion de rapaces en el Alto de Minas, Colombia 1997-1998. Boletin SAO X (18-19): 29-41.
  • Bildstein, Keith L. 2006. Migrating raptors of the world: their ecology and conservation. Cornell University Press. Ithaca, New York. 320 p.
  • CAR 2008. Comunidad de Aves Rapaces Diurnas (Falconiformes) como bioindicadores de la Calidad y Estado de los Ecosistemas del Cerro del Tabor. Informe presentado por Cesar Márquez a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca.
  • Colorado, G. J., M. J. Bechard, C. Márquez, & A. Castaño. 2006. Raptor migration in the Cauca River valley of northern Colombia. Ornitol. Neotrop. 17: 161–172.

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